Dépor y Celta ponen en juego en Riazor sus aspiraciones europeas
28 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Nada como un derbi para devolver el sabor por el fútbol. Dos años después, Riazor vuelve a acoger el clásico gallego, un duelo de estilos, un choque que abrirá, o cerrará, la puerta de Europa. La presión inicial, para el bando blanquiazul, al que una derrota le bloquearía la vía de la UEFA y reduciría sus tres últimos compromisos ligueros a puros trámites. El Celta todavía tiene margen de maniobra, aunque tres puntos consolidarían su posición e incluso le permitirían aún soñar con alcanzar la cuarta plaza. Más de dos mil aficionados vigueses. La grada de Riazor rozará el lleno. Milagros de una rivalidad con la que Joaquín Caparrós disfruta («eso es fútbol», repite machaconamente) y de la que Fernando Vázquez ha preferido huir. Esa es la consigna en el cuadro vigués: tres puntos para seguir soñando y nada de escarbar en un factor emocional del que, tradicionalmente, ha salido escaldado. Pero, por más que le pese a Vázquez, el estadio coruñés no estaría a reventar si el rival fuera otro. Riazor se ha vaciado en proporción directa a la fuga del fútbol. Apenas han pasado dos años, pero uno y otro han experimentado un profundo cambio desde el duelo que certificó en terreno coruñés el descenso del Celta. El Dépor, ahora con Caparrós, está inmerso en un obligado cambio de proyecto. Fran, Mauro Silva, Naybet, Djalminha, Makaay o Donato han dado paso a Juanma, Duscher, Munitis, Iago, Xisco o Arizmendi. Sobreviven Molina, Víctor, Romero o Sergio, pero el Dépor ha variado sustancialmente su estilo. La paciencia y el toque han dado paso al juego más directo, a la garra y al esfuerzo solidario como armas fundamentales. Pese al cambio de técnico, probablemente el Celta ha variado menos en su ideario, aunque sí sus protagonistas. Siguen Borja Oubiña y Ángel. Precisamente, el canterano, que entonces daba sus primeros pasos en Primera División, es ahora la referencia de un equipo con peloteros de fuste, como el prometedor Silva, Jorge, Canobbio o el cañonero Fernando Baiano, probable blanco esta tarde de los dardos de la afición tras dejar plantado al presidente del Dépor y apostar por continuar su carrera futbolística en Balaídos. Pero el tópico, y la historia, dicen que un derbi es distinto a cualquier otro partido. Todo se iguala y la pasión compite con el orden futbolístico. En el choque de ida, cuando ambos figuraban en la posición que ahora ocupa su rival (el Dépor, quinto; y el Celta, séptimo), el conjunto coruñés infligió un duro correcto al vigués. Una aparente ventaja psicológica, como el hecho de que, en Primera, el Celta sólo ha ganado cuatro de los 28 encuentros que ha disputado. La última victoria se remonta a la primera vuelta de la campaña 94-95, tiempo suficiente como para entender que Riazor es un campo hostil para el Celta.