El Villarreal, rival del Dépor el domingo, basa su éxito en un presidente que invierte y avala, y en una cantera con 26 internacionales en categorías inferiores
05 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.El milagro de los panes o los peces o como transformar un club de pueblo en una sólida sociedad anónima deportiva, capaz de alcanzar la semifinal de la Liga de Campeones, algo que sólo cinco clubes españoles (Real Madrid, Barcelona, Valencia, Deportivo y Atlético de Madrid, este último cuando era Copa de Europa) habían logrado. El Villarreal parece dispuesto a romper todos los moldes del fútbol europeo desde una ciudad que apenas supera los 40.000 habitantes y con un presupuesto de 43 millones de euros. Manchester, Glasgow Rangers e Inter ya han cedido al impulso de club más modesto de los ocho que han tomado parte en los cuartos de final de la Champions . Por caminos diferentes El próximo domingo (21 horas, Canal Plus), el conjunto levantino recibe al Deportivo, un duelo directo por asentarse en las posiciones europeas y que un análisis apresurado definiría como un enfrentamiento entre dos modelos similares. Pero los paralelismos acaban en la coincidencia de haber atentado contra el dominio de los grandes. El presupuesto del Villarreal es de 43 millones de euros (poco más de la mitad que el del Deportivo), su presidente, que avala persolnalmente algunas operaciones económicas, es el propietario de la mayoría de las acciones, y por la ciudad deportiva del club pasan a diario más de 700 niños, todos bajo la supervisión de una estructura profesional. Un plan y un mecenas Diez temporadas atrás (1996-97), el Villarreal finalizaba décimo en su quinta campaña en Segunda División, una posición incluso por encima de lo que se podía esperar de un club que representa a una ciudad pequeña. José Manuel Llaneza, director general de entonces y actual consejero delegado, tenía un plan y encontró en el empresario Fernando Roig el complemento necesario poner la semilla del milagro. Roig, propietario de la empresa azulejera Pamesa (más de mil empleados y una facturación superior a los 130 millones de euros anuales) compró el sesenta por ciento de las acciones del club (360.000 euros) y prometió un proyecto estable. Ascendió en la primera temporada de Roig al frente del club y ni siquiera el inmediato descenso alteró los planes de un empresario que conocía la experiencia de su hermano Francisco en el Valencia y que había puesto las bases del Pamesa de baloncesto, ahora presidido por otro de sus hermanos, Juan. Inversión de futuro Con un presidente para el que el fútbol no es un medio, que sortea cualquier dificultad con su respaldo económico personal, el Villarreal volvió a Primera (1999-2000, la Liga del Dépor) con la lección bien aprendida y el embrión de lo que Roig considera su gran obra: una ciudad deportiva de 75.000 metros cuadrados, con ocho campos de fútbol y una inversión inicial cercana a los 12 millones de euros. Él mismo adelantó el dinero para la pata más importante del banco. Un modelo basado en lo que Fernando Roig llama convergencia: sí a los fichajes asumibles (Cagna, capitán del Boca Júniors, Víctor, Jorge López, Unai o Marín Palermo, José Mari, Senna, Sorín, Forlán y, sobre todo, Juan Román Riquelme), pero con el objetivo de esperar a que la escuela diera sus frutos: Calleja, Javi Venta, Santa Cazorla, Héctor Font, Arzo, Xisco, Tena... y una pléyade de internacionales en categorías inferiores. Converger significa invertir arriba y abajo hasta encontrar el equilibrio. Cuestión de tiempo.