El gregario del líder ganó tras una fuga de 17 corredores
20 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La carrera se va acercando hacia Paris, cubriendo kilómetros, pasando calor, pendiente de la contrarreloj del sábado en Saint-Etienne. Lance Armstrong maneja su dominio con comodidad. Ya que no gana él, deja que sus compañeros de equipo vayan teniendo sus oportunidades. En la aproximación al Macizo Central, fueron Rubiera y Savoldelli los que encontraron su ocasión, junto a otros quince corredores. El vencedor del Giro de Italia, doble ganador de la prueba italiana, superaba al danés Kurt-Asle Arvesen en la misma línea de llegada. Le cogió la rueda y le dejó sin una victoria que acariciaba. Savoldelli, que lleva una vida deportiva marcada por el infortunio, en la que se compaginan los triunfos y los episodios problemáticos a partes iguales, sacó partido de la posición privilegiada que tiene su escuadra. Cuando firmó con el T-Mobile no tuvo más que desgracias. Primero, le atropelló una moto mientras entrenaba en Tenerife. Iba la moto a 100 kilómetros por hora y el casco le pegó en la cara. Le dejó desfigurado y tuvo que pasar por dos cirujanos plásticos. En Colonia sufrió una caída cuando iba a debutar. Más tarde cogió un virus. Perdió todo el año. Incluso esta temporada, cuando se entrenaba en los Estados Unidos con su equipo, otra caída hizo que se rompiese la clavícula. Por fin, su estreno al lado de Armstrong no ha podido resultar más afortunado. Savoldelli formaba parte de una escapada de 17 corredores, en la que estaban Sevilla, Rubiera y Alan Davis, que llegaría a la meta con 22 minutos y 28 segundos de diferencia, una ventaja que le daría el primer puesto de la clasificación por equipos al Discovery. El T-Mobile trató de mitigar ese diferencia abismal y se movió en el último puerto. Vinokourov y Ullrich aceleraron. Armstrong, Popovych, y más tarde Basso, Mancebo, Leipheimer, Hincapié y Mazzoleni les acompañarían. Los hombres del Discovery entraron a bloque en la meta. Regreso a Mende El Tour llega hoy a Mende. La carretera que conduce al aeródromo de la ciudad, donde no acabara la etapa, tiene tres kilómetros de subida. Tres mil metros que son una invitación a subirlos en coche. A pie, o en bicicleta, resultan una temeridad. En 1995 fue el final de una etapa que quedó grabada en la historia del Tour. Sus protagonistas fueron el líder de aquella carrera, Miguel Indurain, y Laurent Jalabert, al frente de un equipo ONCE histórico. A 20 kilómetros de la salida, Jalabert y su escuadra atacaron en tromba. Junto al francés estaban Stephens, Mauri y Johan Bruyneel, que ahora es director de Armstrong. Los corredores de la Once estuvieron muy cerca de hacer historia en el Tour. Por detrás, el Banesto estaba roto. Llegaron a tener once minutos de ventaja. Jalabert estaba a poco más de nueve del navarro en la general. Pero Induráin consiguió que varios equipos, sobre todo el MG, de Giancarlo Ferreti, y el TVM, entrasen a trabajar. Al final, las diferencias se amortiguaron. Jalabert acabó con 5 min 41 s de ventaja sobre Indurain, Pantani y Rijs. Jalabert gritaba: «¡Los tiene a todos comprados!». No consiguió el podio en París. Acabó cuarto. Eusebio Unzue, el director del navarro, dice, diez años después, que vivieron muchas cosas que no han salido a la luz pública. Diez años después, Mende aparece en el recuerdo. Indurain y Jalabert ya no están en la carretera.