Los dos goles del extremeño resolvieron un partido muy tenso
28 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.El Celta vuelve a ser líder. La Segunda es así y con un triunfo que corta una racha de tres derrotas consecutivas los vigueses vuelven a la primera plaza. Además, con ya sólo nueve puntos en juego, parecen haberse asegurado un lugar entre los tres primeros y el retorno a Primera. Los célticos se pasaron la semana hablando de su ansiedad. Había que comprobar si la terapia de admitir tus problemas de forma pública surtía efecto. Visto el comienzo de partido daba la sensación de que tenía ante sí el mejor rival para curarse. Un gol podía calmar el estado de nerviosismo, pero el desenlace no iba a ser tan sencillo. El Celta sabía de las debilidades del contrario. Los balones colgados al área le daban infinitos problemas al equipo catalán. Su defensa se mostraba como una de las más flojas que habían pasado por Balaídos. Capucho, por fin parecía entonado, y tomaba decisiones. Primero con sendos remates de cabeza en los que roza el gol y luego con un centro excelente que cabecea Jandro con toda comodidad, pero demostrando que no es su fuerte. En la primera media hora el monólogo de ocasiones viguesas fue tan largo como poco efectivo en el marcador. Al Terrassa parecía no asustarle que le llegasen con tanta claridad. Juega con menos miedo al fracaso y el descenso no le atenaza. Lejos de sentirse intimidado por conceder tantas oportunidades se fue a por un tanto que gracias a Quique Martín, al que le sigue quedando calidad, estuvieron cerca de lograrlo. El descanso detuvo este impetú visitante y sirvió para que los celestes conociesen el empate del Alavés. Ahora sabían que ganando volverían a ser líderes y todos los males desaparecerían. Otra dosis de presión más. Sólo un atisbo de superarla se refleja en la reacción de apoyo de la grada y una aparición de Canobbio. Vázquez no lo vio claro y toma una decisión tan impopular como acertada. Decide poner en juego un 3-5-2 con las entradas de Berizzo y Perera. El público le dedica una bronca monumental por sacrificar a Toni Moral. El enfado duró poco porque a los dos minutos un buen pase en profundidad de Canobbio lo culmina Perera en gol. Este reláx fue igual de efímero para el aficionado. De inmediato el árbitro pitó un penalti por uno de los miles de empujones que se producen en un partido. Juan Carlos empató el encuentro y se recrudecía el estado de acelere. Las pulsaciones se dispararon cuando sólo dos minutos después del empate Perera recogía un balón rechazado para volver a marcar. Quedaba un mundo para que todo terminase. El Terrassa se iba a Segunda B y se negaba a firmarlo. Gallego marcó un tanto que el asistente anuló correctamente. Otro susto para el celtismo. El final se tiñó de confusión por tres expulsiones: Charcos, Vryzas y Giovanella cuando ya se jugaba el tiempo añadido. El árbitro pitó el final y la afición celebró un ascenso que ahora parece garantizado.