«No conozco mis límites»

Sebastián Fest PARÍS

DEPORTES

Queimadelos

El 3 de junio cumplirá 19 años. Tiene en sus manos la posibilidad de celebrarlo a lo grande, ganando ese día el partido que le lleve a la final de Roland Garros

23 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Ya vivió sus dos primeros días en Roland Garros, un torneo que no había pisado nunca como jugador, pero el español Rafael Nadal cree que tiene aún mucho que aprender: no se siente el máximo favorito, y se sorprende cuando descubre la historia que esconde el Abierto de tenis de Francia. «Coria, Ferrero, Federer... Todos dicen que soy el favorito... ¿pero qué es esto?», dice con una modestia que es genuina, pero que con sólo darle un vistazo a los resultados de los últimos tres meses pierde totalmente su razón de ser. Nadal está en París, en las casi perfectas instalaciones de la Federación Francesa de Tenis, las mismas que no pudo visitar como jugador en los últimos tres años. Porque en el 2002 era un juvenil candidato al título al que sus padres obligaron a privilegiar el estudio en lugar del título parisino; en el 2003 sufrió una lesión en el codo; y en el 2004 una fractura por estrés en el pie. Pero Nadal, esta vez sí, está en Roland Garros, aunque poco sepa de la historia que arrastra ese nombre. «¿Sabe quién era Roland Garros?», pregunta el periodista. «No», responde mientras pone su típico gesto cómico, casi de caricatura, para indicar que no tiene ni idea. «¿Y se cayó?», repregunta con juvenil y asustado asombro cuando se le dice que Roland Garros fue un aviador francés que en 1913 se convirtió en el primero en cruzar el Mediterráneo. Desconcierto Nadal desconcierta. A sus adversarios por su potencia y fortaleza mental; a los periodistas, por su personalidad casi transparente: habla con la sinceridad y pasión propias de un joven que aún no ha cumplido los 19 años, aunque tenga un cuerpo de gigante y un millón y medio de dólares ganados en lo que va de la temporada. No deja ninguna pregunta por responder. A veces piensa y arranca lento, otras larga una parrafada a doscientos kilómetros por hora, lo que genera ciertas dificultades a su interlocutor, más aún que las provocadas por el fuerte acento mallorquín que impregna su castellano. «Es mi primera vez en este torneo», explica por enésima vez. «Coria, Ferrero, Federer, Moyá, Gaudio. ¿Yo? No sé... Ellos son los favoritos. Creo que tengo pocas posibilidades de ganar cualquiera de los Grand Slams, pero si en alguno tengo opciones es en Roland Garros». Pura lógica. Nadal ganó cinco torneos esta temporada, incluyendo Roma y Montecarlo, los dos certámenes sobre arcilla más importantes tras Roland Garros. ¿Opciones? Es más que eso lo que acerca a Nadal a la lucha por el título, aunque no haya que perder de vista dos cosas: debuta en el Abierto de Francia, y los siete partidos hacia la gloria serán al mejor de cinco sets. Su juego Cuando Nadal habla de su juego, todo se reduce a algo demasiado normal, casi aburrido: «Lo único que me sorprende de mi juego es que últimamente estoy cometiendo muy pocos errores y que estoy muy fuerte mentalmente». Hay que insistirle, entonces se entusiasma y habla como juega, con la misma rapidez y fluidez que si devolviera bolas desde el fondo de la pista. «En la cancha sólo pienso en ganar. Me encanta competir, en todo, no sólo en tenis. ¿Límites? No, no conozco mis límites». Nadal sólo ofrece estridencia cuando juega, agresividad sobre la pista. Ya ha aprendido a controlar un tanto esos explosivos saltos que solía dar tras ganar cada punto, pero la exuberancia física sigue haciendo vibrar al público en las butacas.