ME DOLIÓ la derrota del Sporting de Lisboa frente al CSKA de Moscú en la final de la UEFA, torneo que se fue distanciando, hacia abajo, de la Champions, de tal manera que fuera de los países de los equipos finalistas, apenas se habló de esta competición. Imaginen, pues, lo que queda para la Intertoto. A pesar de que el 1-0 es una ventaja que no permite descuidos, lo cierto es que a la vista del nulo hacer de los rusos en el primer tiempo, dando la impresión de que se desinteresaban del juego y del marcador, llegué a creer que el Sporting tenía el triunfo en su mano. Más aún cuando, a través de la tele, Míchel dijo que aquello estaba resuelto, «pues los rusos no son nada». Pobre de mí, pues me dejé influir por el comentario del ex-madridista y después no podía creer lo que había visto: en 18 minutos se pasó del 1-0 al 1-3 definitivo. El Sporting olvidó que los equipos campeones se asientan sobre la defensa firme y ordenada; a cambio le cegaron las urgencias por ponerse delante en el marcador y al final los portugueses revivieron la triste experiencia sufrida frente a Grecia en la Eurocopa.