La difícil reconstrucción del Dépor

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo REDACCIÓN

DEPORTES

El club debe renovar el plantel, pero el déficit actual impedirá gastos en la línea de los últimos 14 años, tiempo en el que se invirtieron más de 40.000 millones de pesetas

02 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

La segunda época dorada del Deportivo está en sus estertores. El glorioso equipo que a las órdenes de Irureta ganó una Liga y una Copa del Rey, batió a los conjuntos más poderosos de Europa y estuvo a un gol de meterse en la final de la Liga de Campeones, languidece. Efectivamente, no estamos ante el que se dijo equipo del centenario. Estamos ante lo que debe ser una nueva reconstrucción blanquiazul, pero mucho más difícil de realizar que la afrontada en su día con el final del Superdépor en 1995. El marco en el que se ha movido el Deportivo en estos últimos y dorados años ha cambiado sustancialmente. La prodigalidad en el gasto y los fichajes de más de mil millones de pesetas, han dado paso a los números rojos y a la consiguiente contención. Para entender la dificultad de la renovación que ahora toca acometer hay que hacer un poco de historia. El éxito del Deportivo reciente se basó en dos pilares fundamentales: uno, el dinero; otro, el entrenador. El Dépor, un modesto para todos en el panorama futbolístico español y europeo, sorprendió compitiendo al máximo nivel. Pero ese club modesto cuyo único patrimonio apenas era un pisito en la Plaza de Pontevedra participó durante varios veranos en algunas de las operaciones más costosas del fútbol español. Millones de euros Desde el ascenso a Primera División, el gasto en jugadores ha sido espectacular y mucho más acusado en los últimos años. El montante global de los más de cien fichajes realizados por el club en ese tiempo es de alrededor de 250 millones de euros, más de 41.000 millones de pesetas. El esfuerzo inversor se duplicó y triplicó en breve. Los 500 millones de pesetas que costaron Mauro y Bebeto (los dos) fueron pulverizados pocos años después. En la campaña 96/97 se gastaron más de 26 millones de euros y sucesivamente, año a año, 31, 26, 33, 47, 18, hasta los 41 de la temporada 2002/2003. A partir de ahí llegó el declive inversor. El secreto de la gestión del Deportivo estuvo en una fuerte inversión y en moverse en el mercado de las exquisiteces. De esta forma, la entidad blanquiazul siempre aparecía entre los fichajes más caros de cada temporada. En algunos casos y de no ser por la contumacia de Florentino Pérez en fichar un megacrack, el Dépor habría liderado esa clasificación. Son numerosos los futbolistas de la escuadra coruñesa que han sido contratados a golpe de talonario y que la cuantía de su fichaje ha estado en, como mínimo, los dos mil millones de pesetas. Luque costó casi 18 millones de euros; Sergio y Tristán, 16,8; Andrade, 13; Duscher, 12; Valerón, 12; Toro Acuña, 11. En la medida en que se hicieron estas operaciones el presupuesto deportivista se disparó hasta convertirse en uno de los más altos del fútbol español, el cuarto, sólo superado por Real Madrid, Barcelona y Valencia. Igualmente, mientras sucedía todo esto, en silencio, la deuda crecía y crecía hasta llegar a su punto culminante de casi treinta mil millones de pesetas (reconocida por el club). Pero los proyectos deportivos también se agota. Ha llegado la hora de renovar el plantel o redimensionar el club. El problema es que el Deportivo no puede tirar de talonario. La magia de sus fichajes (el pago aplazado) hace que todavía se estén amortizando, es decir, hay que renovar cuando todavía no se ha terminado de pagar algunos jugadores. Y hay que vender porque hay que cumplir con los acreedores. El pago aplazado ya no vale. La ampliación de capital impulsada por los actuales gestores de la Sociedad Anónima blanquiazul no acaba de cuajar. Así las cosas, sin dinero, se está incluso coqueteando con los fondos de inversión en la búsqueda de financiación. A estas dificultades hay que unir otras. El Dépor no tiene ahora el atractivo de hace dos años. Sus problemas económicos alejan a algunos futbolistas, mientras que las negociaciones del pasado han quemado a varios representantes. Puede decirse que al Dépor también le han pillado el tranquillo de sus negociaciones. Todo esto hace que del mercado de la excelencia se pase al de las apuestas. Así, de cara a la próxima temporada, está fichado un desconocido De Guzmán, internacional canadiense del Hannover. Por otro lado, el nombre de los futbolistas que suenan en los mentideros futbolísticos como posibles fichajes blanquiazules han bajado un nivel respecto a épocas recientes: Baiano y Juanito del Málaga y Guerrero, del Santander, valen de ejemplos. Pero el agotamiento de la plantilla es tal que toca renovarse o morir. Y no se trata de un par de retoques. En primer lugar, el equipo se ha quedado sin gol. Luque puede que se vaya, Pandiani se supone que no regresará y Tristán parece irrecuperable. En la línea creativa también hay que hacer reajustes. Con Fran retirado y Valerón en declive se hace imprescindible la adquisición de jugadores con criterio a la hora de mover el balón y fabricar el fútbol. En los laterales, la campaña de Romero y de Manuel Pablo habla por sí sola, mientras que en los interiores, también parecen necesarias las reformas. El futuro se presenta incierto, con la aparente marcha de Irureta. No es baladí este detalle. Los periodos de transición siempre exigen algún peaje. La marcha de Arsenio supuso para el Dépor una deriva que dio más de un susto. Con Irureta se recuperó la tranquilidad. Es la hora de la gestión. El momento de sacar conejos de la chistera.