Errar sí, delinquir no

GASPAR ROSETY

DEPORTES

EL ARBITRAJE de Bernardino González en el Santiago Bernabéu fue una acumulación de errores. Todas las jugadas están sujetas a la interpretación del juez deportivo del mismo modo que lo están a la del periodista, el directivo o el aficionado. La diferencia estriba en que el árbitro debe juzgarlas y ejecutar su decisión, el periodista debe analizarla con objetividad y el resto pueden ver lo que quieran. Dicho esto, y que hizo un arbitraje plagado de errores, a mi juicio, la historia merece matizaciones. La principal es que yo creo en la honradez del árbitro del mismo modo que creo en sus errores como decisiones involuntarias. Se equivoca pero no quiere hacerlo. Bernardino juzgó mal diversas acciones y se equivocó queriendo acertar. El resultado fue que perjudicó al Real Madrid y este hecho, por su reiteración en la temporada actual, lleva camino de convertirse en noticia puesto que la tradición nos dice que el error suele favorecer al equipo grande, llámese Madrid o Barcelona. El Bernabéu asistió a un mal arbitraje de un buen árbitro y nada más. A partir de ahí han surgido otras lecturas, de las que ofende especialmente la consideración de que los árbitros están obligados, coaccionados y presionados, o sea, comprados, a cambio de no se sabe qué, por la Federación Española y por el presidente del Comité Técnico para que perjudiquen al Madrid y beneficien al Barça. Esta inducción vendría por la dirección del voto hacia Villar o al otro candidato que emitieron en su día Florentino Pérez y Joan Laporta. Una tontería así sólo cabe en cabeza de similar talante y el Madrid siempre fue mucho más grande que cualquiera que pueda caer en ese error. Pensar que un árbitro perjudica o favorece a conciencia a un equipo es presuponer la inculpación de un delito. No estropeemos más las cosas. González Vázquez pitó mal en jugadas que se prestaban al equívoco. Falló pero no delinquió, como algunos periodistas de Madrid intenta sugerir sin tener el valor preciso para afirmarlo por sí mismos. Cobardía interesada. Patadas a Villar en las posaderas de los árbitros.