El tesoro que guarda Mazinho

M. Suárez / J. Villar VIGO

DEPORTES

M. MORALEJO

Varios conjuntos de primera fila pretenden a Thiago, de 13 años, hijo mayor del ex centrocampista del Celta, que por ahora asombra en los infantiles del Ureca.

13 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Porque resulta que en la entrada del estadio pone bien clarito y en letras de molde «Samil»; si no, cualquiera podría pensar que está en una ciudad brasileña, con la playa al lado, la tarde cayendo suavemente, sus buenos veinte grados de temperatura, la pequeña hinchada hablando en un portugués de ultramar y un grupo de chavales jugando de muerte al jogo bonito sobre el césped artificial. Sin embargo, el escenario en el que se enfrentan los equipos infantiles del Ureca, de Nigrán, y del Alerta, de As Travesas, es Vigo, y el chico que pone el ritmo sobre el campo ha vivido casi toda su vida en Galicia. Se llama Thiago, es hijo del ex céltico Mazinho y su futuro como futbolista tiene muy buena pinta. Por suerte o por desgracia, Thiago, de 13 años, tiene cada fin de semana dos entrenadores a los que atender: uno, Javier Lago, es el encargado de que el chaval «haga jugar al equipo sin lucirse él solo», como el mismo técnico dice; el otro, su padre, que de vez en cuando le silba y le dice algo con voz tranquila desde la banda. «Es un niño muy completo, le pega con las dos piernas, cuando regatea busca bien el perfil malo del rival. Tiene visión, llegada, finalización...», dice Mazinho con orgullo, casi bajando la mirada. El padre del chico se pasa medio partido solo, junto a la barandilla, y el otro medio saludando a quienes le conocen por su paso por el Celta. Thiago juega más al ataque que él, de media punta, con el 10 a la espalda, y lo hace realmente bien: mata la bola con una facilidad pasmosa, la golpea con ese estilo seco de los buenos futbolistas, hace bicicletas y ve de maravilla los desmarques de los delanteros, entre los que está su primo. «Genio natural» El Ureca sestea después de haber marcado cinco goles al Alerta en el primer tiempo. «No hay tanta diferencia, ¿no?», dice alguien en la banda, junto a los banquillos. «La diferencia son el hijo y el sobrino de Mazinho. No veas la primera parte que nos han dado», responde con resignación el entrenador del equipo de As Travesas. «Yo no le he enseñado nada especial -asegura Mazinho-, no he hecho más que ver partidos y decirle que es mejor hacerlo así o de la otra manera. No sé si es genio natural, pero tanto él como su hermano pequeño [Rafael, de 11 años, que juega en los alevines del Ureca] tienen una coordinación especial». «Sólo un chaval» «Que quede claro que yo no creo que sea buena idea que salga en la prensa y que se le dé tanta publicidad», dice Javier Lago, torciendo el gesto. «Al fin y al cabo -recuerda- sólo es un chaval que tiene doce o trece años». El padre, sin embargo, confía en él, y afirma que Thiago «sabrá moverse sin problemas en el fútbol de hoy porque es un niño muy maduro. ¡Dónde estaba yo con 13 años!». El partido se acaba con un contundente 1-5 para el Ureca, y con Thiago lesionado después de darse un golpe con su rival. El chaval ha heredado algo del carácter circunspecto de su padre, con el que posa, muy serio, para el fotógrafo. Si todo va como Mazinho desea, su segunda temporada en el equipo de Nigrán podría ser la última.