La meteórica progresión de Iván Salgado no tiene techo. Todo indica que alcanzará el rango de gran maestro internacional, pero sus preparadores optan por la cautela
08 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?ván Salgado no tiene techo. Desde que a los cinco años tuvo que estirarse para realizar sus primeros movimientos en un torneo de ajedrez no ha parado de crecer. En centímetros y en conocimientos. Su carrera ha sido tan meteórica que a finales de la semana pasada consiguió su primera norma internacional, con 13 años. El ourensano sigue casi al milímetro los pasos de Paco Vallejo, pero nadie se atreve a vaticinar su futuro. «Sei que se traballo moito e me esforzo podo chegar a gran mestre internacional, pero prefiro non marcarme unha data», indica. El balear lo había conseguido a los 17 años. «Son palabras maiores, pero ten moito talento e pode chegar», apunta Elías González, su primer entrenador, quien espera que finalice el año como maestro internacional. Iván rompe por completo los estereotipos de los ajedrecistas. Charlatán, travieso, revoltoso y futbolero, tiene en la intuición, en una memoria prodigiosa y en la imaginación sus grandes aliados a la hora de competir. Hace de la asociación de ideas un caudal difícil de igualar por sus competidores, que quizás le superan en cálculo mental, una de sus rémoras. «Eso se entrena. Sólo es cuestión de que lo trabaje», indica Roi Reinaldo, uno de sus entrenadores en el Marcote, con el que trabaja casi todas las noches vía Internet. Reinaldo, maestro internacional, destaca que «Iván tiene una gran ventaja sobre el resto: lo entiende todo». A mitad de explicación ya ha captado el mensaje. Las aperturas, cada día más importantes en esta disciplina, son otro aspecto a mejorar por el ourensano. Con Alejandro de León dio sus primeros pasos en este arte y ahora las cultiva especificamente con Alejandro Hofman, un gran maestro argentino al que visita dos días a la semana en Mondariz. Su padre oficia de taxista. La concentración, después de la cuarta hora de partida, es su tercer frente a mejorar. Acaba muy cansado «por eso teño que mellorar a resistencia». A favor de Iván juega también su constancia. No escatima horas de trabajo (acabó el viernes en Linares, viajó toda la noche en coche, el sábado jugó con su equipo y el domingo se pasó seis horas entrenando). Está de un modo permanente con el tablero, conectado en Internet con sus entrenadores o haciendo los ejercicios pendientes, sin que por ello sus estudios de 2º de ESO se resientan un ápice. Va sobrado. Con ello tampoco quieren decir sus técnicos que sea un superdotado. Le horroriza que le pregunten si ha pasado un test de inteligencia. «Ante todo Iván -dice Elías- é un neno normal, moi maduro para a súa idade», quizás porque ha viajado mucho para jugar torneos. Pasa más tiempo fuera que en Ourense. En dos o tres años, cuanto tenga 15 o 16, llegará la hora de la verdad para el niño prodigio del ajedrez gallego. «La evolución de los ajedrecistas va por saltos -indica Reinaldo-. Pienso que Iván, que ha progresado siempre de un modo constante, dio uno muy grande hace dos meses y ahora tenemos que esperar por el próximo». Al margen está su evolución personal.