El Dépor se derrite por una defensa de mantequilla

Alfonso Andrade Lago
Alfonso Andrade A CORUÑA

DEPORTES

El cambio de esquema reactivó el ataque, pero no tapó los agujeros

22 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

El Deportivo se desangra. La herida defensiva es tan grave que garantiza un mínimo de dos goles (tres anoche) a cada rival que visita un estadio inexpugnable hasta no hace mucho tiempo. El equipo coruñés está roto, minado físicamente y noqueado desde su descalabro europeo. La gravedad de la situación lo deja más próximo a los puestos de descenso que a los de Liga de Campeones. No hay que engañarse. El partido fue una sucesión de ocasiones más o menos claras, producto de los múltiples errores de dos defensas de mantequilla. Deportivo y Zaragoza rivalizaron en fallos en un duelo que abrió sus brazos al gol desde el primer instante. Del intercambio de golpes salió beneficiado el adversario. Los blanquiazules, con Pablo Amo, juegan con la defensa más adelantada, y en la primera media hora se vio un equipo más volcado y con un poquito de fútbol, pero con problemas graves. Uno, que la espalda de Andrade no es tan segura como hace un año, y Villa se la encontró sin problemas en contras peligrosas. Dos, que Tristán no se mueve y, por mucho que adelante la línea el Dépor, sólo Mauro y Munitis recuperan el balón. La presión es casi nula y el Zaragoza se la sacude con facilidad. El rival también da facilidades. Villa echa fuera un gol que metería el usuario de un jardín de infantes. Como Valerón. Atrás, el Zaragoza permite el juego interior del canario, aunque el Dépor no está fino y pierde el balón por sus imprecisiones. Pero el público, bien una vez más, no protesta por eso. ¿Cuándo abuchea la grada? Cuando Tristán, apático, racanea esfuerzos en la presión con el adversario a medio metro, o cuando Munitis sube el esférico por la banda sin que ningún compañero le eche un cable. La actitud persiste, el Deportivo se acomoda y el hincha dice no. Bronca importante al final de la primera parte, amortiguada por la floja entrada. Pero suficiente para que el banquillo reciba el mensaje. Esta vez, el cambio de esquema no surge al final y la reacción aparece. Fran por Sergio, y el Dépor empieza a carburar. O Neno sangra en blanquiazul, siente los colores y mete al Dépor en el partido. De su decisión saca petróleo el equipo y espacios Valerón. El canario resucita en la segunda parte. Pero la zaga sigue hecha unos zorros y en cuanto el rival aprieta tiene premio seguro. El Zaragoza empata y remonta. El 2-3, protestado y algo dudoso, parece legal, aunque Irureta casi se come al asistente. De la impotencia saca algo de fútbol el Deportivo, pero la defensa sigue siendo un poema, con problemas gravísimos, impropios de un equipo de Primera. Irureta prescinde de un central y el público se esperanza, pero abronca de nuevo cuando el que se retira es Munitis. Scaloni pierde los papeles y con su expulsión se entrega el Dépor a una muerte lenta.