En directo | Un entrenamiento con Pereiro y Serrano | Comprobamos los peligros de una jornada de preparación acompañando entre Vigo y A Ramallosa sobre una bicicleta a los dos profesionales gallegos
28 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.¿Cómo se logra vivir de la bicicleta, estar entre los diez primeros del Tour o ganar la clásica Milán-Turín? Para averiguarlo qué mejor que acompañar pedaleando a Óscar Pereiro y Marcos Serrano en un día de entrenamiento. Cuando no compiten, los profesionales mantienen sus músculos pedaleando los siete días de la semana una media de cuatro horas, o 130 kilómetros por jornada. Un servidor, que no vive de esto, se conformó con seguirlos durante el trayecto que separa Vigo de A Ramallosa. Marcos Serrano dice que «quizás haya aumentado algo el respeto de los automovilistas por los ciclistas, pero ahora hay el triple de coches que hace diez años y andar en bicicleta es cada vez más peligroso». Explica que se ha tenido que mudar desde la ciudad olívica a Chapela porque «Vigo es terrible, un desastre para andar en bicicleta». Como para darle la razón, un energúmeno de las cuatro ruedas nos dio el susto del día: un tranquilo conductor se echó al carril izquierdo de la avenida de Samil para adelantar al grupo de ciclistas y otro, que venía desde atrás a gran velocidad, se coló entre el primer coche y las bicicletas, prácticamente rozando los manillares. El libro de estilo de este periódico impide reproducir los insultos de Serrano y Pereiro. «Ya esperas la reacción de un coche, la ves venir», dice Óscar. «No puedes presuponer que te van a respetar. Hay caídas, pero pocas, porque te sueles dar cuenta de lo que el conductor va a hacer y frenas o te apartas. Aunque tengas razón llevas las de perder», apostilla Marcos. Estos dos profesionales del Liberty y el Phonak se suelen reunir en O Porriño con otros siete u ocho ciclistas y recorrer las comarcas de O Baixo Miño y O Val Miñor en un día normal de entrenamiento. Van de dos en dos «porque así los coches frenan un poco. Si vas en fila india te pasan pegados y a toda velocidad», explica Serrano. La expulsión del Phonak Pereiro lleva parado cuatro meses a causa del forúnculo que le operaron cuando acabó el Tour de Francia, pero ahora piensa más en su futuro inmediato que en su preparación para la próxima temporada. Pasado mañana la UCI decide si da por buenas las alegaciones del Phonak y readmite en la Liga Pro Tour o bien excluye definitivamente al equipo suizo. Óscar sabe que «los miembros del equipo con contratos más altos tendríamos que irnos y no me quedaría otra que empezar a buscar equipo. Y eso no es fácil en diciembre... (cara de preocupación). Esperemos que todo se solucione». Pero el tráfico infernal, la presión de la alta competición y el futuro deportivo no son las únicas cosas que desgastan a un profesional del ciclismo. Marcos Serrano tiene 32 años, lleva doce compitiendo en la élite y está acabando la carrera de INEF. Cuando se retire pretende «seguir ligado al deporte, pero haciendo cosas distintas, quizás con niños, y estando más en casa. Pasarte tantos años fuera de casa te desgasta psicológicamente». A Pereiro aún le queda mucho, pero también tiene claro que quiere estar con los suyos y disfrutar más de la vida cuando acabe su etapa como corredor: «Estás demasiado tiempo fuera, la noche sólo la puedes disfrutar un mes al año y sin muchos excesos. Correr vueltas es muy sacrificado. Es todos los días, estés recuperado o no... y luego viene otra y después hay que preparar la siguiente temporada. Hace falta mucha autodisciplina y tienes que renunciar a muchas cosas». Pero no todo es sufrimiento y esfuerzo. Tanto Óscar como Marcos recuerdan anécdotas divertidas. «Antes el ciclismo se daba más a las bromas, pero ahora todo está muy profesionalizado y no te las permiten los organizadores. En Italia se conservan y además venden», dice Serrano. Pereiro recuerda que «en el Giro de hace dos años a los quince kilómetros de la salida de la última etapa echamos el pie a tierra porque había preparada una fiesta. Comimos pasteles, bebimos champán... y a seguir pedaleando. Aluciné». Código no escrito Los ciclistas también tienen un código no escrito. Quien se lo salta queda señalado y pronto irán a por él. Óscar explicó que «en la vuelta a Suiza un corredor del Lampre nos pidió que parásemos todos a mear en su pueblo para gastar una broma. Cuando nos detuvimos él aprovechó para esprintar, escaparse y ganar la etapa. Quedó marcado. Tenemos nuestras normas y los engaños no están bien vistos». Serrano dice que «al líder se le debe respetar. En un Tour un corredor no paró a la hora convenida para hacer pis e intentó escapar. Luego, cuando tuvo que hacer sus necesidades, Hinault se puso a tirar como loco del pelotón y lo dejaron fuera de tiempo».