Los celestes igualaron con el Elche tras un 0-2 adverso.
21 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.El Celta empató con el Elche en casa. Este es uno de esos partidos en los que leer sólo el resultado dice poco del contenido. La lectura final nos enseña por un lado a una afición contenta con su equipo por haber remontado un marcador adverso de 0-2 al descanso. Por otro a un equipo que si juega a ser temeroso pierde, y cuando destapa su calidad arrolla. En definitiva un canto al optimismo de que el fútbol que encandila pueda volver a verse en Balaídos. Las sorpresas de Fernando Vázquez volvieron a sembrar el pánico. Cuando se esperaba un trivote para recibir al Elche, al estilo Lotina, recuperó el clásico 4-2-3-1 pero con la variante ya utilizada ante el Poli Ejido de que Ángel jugase en la izquierda de la línea de creación. Nagore y Oubiña ocupaban el doble pivote. Jonathan trataba de darle sentido a la banda derecha. La décimo tercera alineación en catorce partidos fracasó de forma estrepitosa. En el juego del escondite Uribe ocultó mejor sus secretos. El entrenador más joven de Primera y Segunda situó una línea de cinco defensas y dos medios centro. Siete de sus futbolistas jugaban por detrás del balón. La salida de sus carrileros y la movilidad de Rubén y Nino desbordaban al cuadro vigués. Contreras se reincorporó tarde a la disciplina de su equipo. Se notó. El chileno llegó ayer con retraso a todo y fruto de un error suyo el rival cogió una ventaja que no pretendían abandonar. El defensa cometió un penalti absurdo al derribar a Rubén en una jugada con escaso peligro. Nino lanzó y engañó a Pinto. Este tanto acababa con la imbatibilidad del meta en cuatro partidos. A las dificultades que ya tenían los celestes se les añadía un marcador en contra que aún fue a peor. Otro desajuste defensivo permitió a Peragón hacer lo que quiso con Yago y servir a Nino que gozó de todas las comodidades. Un 0-2 obligaba a Vázquez a realizar modificaciones con urgencia pero prefirió esperar al descanso para que los cambios no se entendiesen como un castigo. El técnico sabía que la mayor parte de culpa de lo que estaba sucediendo era suya. Rectificó y reorganizó con un 4-4-2. Angel volvió al lateral derecho y Gustavo López actuaba como interior zurdo. El giro fue radical. Las oportunidades se sucedieron hasta dar vértigo. Jonathan recordaba a Karpin y recuperaba una banda derecha que desde la marcha del ruso ha carecido de instinto asesino. El canterano marcó y todos creían ya en la remontada. En el encierro rival Sava fue el más listo para hacer picar a Unanua y que este cometiese penalti. Jandro lo falló pero Sánchez cabeceó el rechace a gol. El valenciano pudo hacer el tercero. No llegó pero hasta el empate valió para que el celtismo recuperase la fe.