El Barça elude la derrota ante el Estudiantes en la prórroga

La Voz J. M. | MADRID

DEPORTES

El tropiezo estudiantil no eclipsó el gran partido de Sergio Rodríguez

17 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

El Barcelona ya sabe como se las gasta Sergio Rodríguez, el joven base del Estudiantes, un pozo sin fondo de talento y baloncesto que, a cuatro segundos del final de último cuarto, le había derrotado con una bandeja neutralizada, de manera también brillante, por otro artista, el esloveno Vlado Ilievski. Vistalegre sigue siendo un recinto incómodo para los del Palau que, después de tres cuartos sin excesivos sobresaltos, se toparon con el partido en desventaja, el Estudiantes recrecido y Sergio Rodríguez en plena lección de magia. Cuando las molestias que torturan la espalda de Roberto Dueñas quedan confinadas entre los cuatro muros del vestuarios, y el pívot atraviesa desde el final de la Liga pasada un estado de forma sensacional, el Barcelona domina casi por inercia. Dueñas y Navarro formaron una alianza hasta la mitad del segundo cuarto que puso en manos del conjunto catalán un partido nefasto para el Estudiantes desde el perímetro (0/9 al descanso) y en el rebote (19 por 25 de los visitantes en medio choque). El pívot y el escolta se lo pasaron en grande un buen rato, no por su efectividad realizadora, pero si por el baloncesto que eligieron jugar, con asistencias, velocidad y creatividad. Con Dueñas en la cancha el Estudiantes prácticamente no existía. Un parcial de 0-12 entre los minutos siete y trece refrendó el control azulgrana (8-18). Sin embargo, la hegemonía barcelonista fue puesta en cuestión en cuanto el poste madrileño enfiló el banco, los de casa colocaron una zona y Sergió Rodríguez tomó las riendas azules (20-24, min 17). De entrada, sólo fue ruido. El Barcelona siempre encontraba un triple a tiempo, una pérdida rival o cualquier otro recurso para desmantelar las tibias sacudidas de su oponente, todavía inmerso en una fase de destellos esporádicos. No obstante, una de sus virtudes atávicas del Estudiantes consiste en renacer de sus cenizas, de ver la luz al final del túnel cuando todos los demás lo ven oscuro. Sergio Rodríguez levantó al pabellón de sus asientos en la última jugada del tercer cuarto. Era el 38-42. Increíble. El mejor júnior de Europa, campeón continental con España, cambió la cara del Barcelona. Tras sus pasos, el Estudiantes en tropel creyó de nuevo en la proeza. Sergio Rodríguez desató la locura colectiva con el 56-54 a cuatro segundos de la bocina. Ilievski, otro mago de la cancha, enfiló el aro y empató. Apoteósico. A la prórroga (56-56). Cinco minutos más que les sobraban a los de casa. Los triples, enemistados con Loncar, resolvieron el trance a favor del campeón ACB.