AÚN NO he conseguido reponerme de la chapuza futbolística con la que la selección nos castigó hasta la tortura el pasado miércoles.
16 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Además de la retransmisión televisiva de Antena 3 (mejor que dejen el fútbol a la que gente que sabe), tuvimos que soportar un espectáculo penoso, propio de un equipo de medio pelo, sin personalidad, sin criterio, sin orden y negado ante el gol. Luis cambió cuatro futbolistas de los que habían jugado contra Bélgica y, curiosamente, dejó fuera a Joaquín y Reyes, además de Del Horno y Torres. Renunció a la calidad que había pregonado y generó ciertas dudas que no han sido resueltas. Luque fue el más incisivo pero conviene recordar que terminó jugando de lateral izquierdo. Por si fuera poco, el cambio de sistema, la presencia de tres volantes por dentro, la variación en la segunda parte al sistema de Sáez y la locura de poner cinco puntas en el tramo final del partido dieron una sensación de desastre generalizado. No nos puede valer las excusas del campo, que está mal para los dos equipos, ni la fuerza física de Lituania o su almacenamiento de hombres en campo propio. No nos sirve de consuelo que España tuviera el balón durante el 65% del partido pues lo cierto es que no supo qué hacer con él. Luis no ha conseguido ese estilo propio que preconizó antes de sentarse en el banquillo y ha confundido a la afición de manera lamentable. Antes nos hicieron dudas acerca de la valía de los futbolistas y llegaron a hacernos creer que, a lo mejor, en España, sobrevalorábamos a los jugadores al compararlos con las grandes estrellas mundiales. Después de lo que vimos en Lituania, ya hay quien piensa que la verdadera crisis del fútbol español es la de los entrenadores. Doctores tiene la Iglesia pero ojito con la opinión de la calle. Los españoles están hartos de hacer el canelo.