Freire remata un oro de equipo

Benito Urraburru VERONA | ENVIADO ESPECIAL

DEPORTES

DAMIEN MEYER

Valverde lo lanzó en un grupo en el que estaban Serrano, Pérez y Mancebo. El cántabro iguala a Binda, Van Stenbergen y Merckx con tres títulos mundiales

03 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

«Sabía que Valverde me iba a responder. Después de 265 kilómetros no es fácil coger una rueda, por eso me he olvidado de Zabel y O'Grady. He cogido la suya. Ha demostrado que puede ganar un mundial. He ganado gracias a Alejandro. Con la ayuda que me ha dado la selección, no podía fallar». Las palabras de Óscar Freire, que conseguía en Verona su tercer título mundial en siete participaciones, hacían justicia a un corredor que sacrificó una posible medalla por lograr un título mundial de un compañero, de un equipo. Valverde explicaba que «Freire era el más rápido de todos los que iban delante. A falta de dos vueltas me preguntó si le iba a ayudar. Me dijo que le lanzase a 400 metros, pero se me adelantó Hondo y he tenido que arrancar a 300», explicaba el corredor de Kelme, que al estar delante no pensó en sus posibilidades en esa llegada. «Le había dicho a Óscar que le ayudaría y, si prometo algo, lo cumplo. En cualquier caso, hubiera ganado igual sin mi ayuda. Era el más fuerte de todos». En realidad, Freire y Valverde eran los dos estiletes de una selección fantástica, tan buena como la de Lisboa, como la de Verona en 1999 o la de Plouay, donde se consiguió la medalla de bronce. Un equipo sin fisuras, que se dejó los hígados en la carretera para ganar, un modelo de selección que nunca le ha fallado a Antequera. Control de la selección Oscar está dotado de ese instinto que sólo tienen los elegidos cuando llega la meta. Freire vencía al esprint por delante de Erik Zabel, al que se le fue su última oportunidad de lograr una medalla de oro (en Lisboa acabó tercero) y del italiano Luca Paolini, el superviviente de una selección italiana que perdió a Paolo Bettini, su líder, cuando faltaban 62 kilómetros para la meta. Bettini había cambiado una rueda. Cuando estaba enlazando junto a sus compañeros Petito y Paolini, en el repecho, se puso nervioso, se precipitó y se golpeó la rodilla contra la puerta del coche de Italia. Las molestias fueron a más y no le quedó más remedio que abandonar. Cuando se iba uno de los favoritos, la selección española ya tenía controlada la carrera, en la que dominó de una forma abrumadora, sin concesiones. En la última vuelta, Paco Antequera, el seleccionador, disponía de seis corredores en el grupo de veinticinco que estaban delante. Además de Freire y Valverde, estaban Luis Pérez, Paco Mancebo, Nozal y el gallego Serrano, y todos realizaron un buen trabajo. Mancebo y Luis Pérez hicieron una limpia importante de corredores en la última de las dieciocho subidas a la Torricelle, donde atacaron Rasmussen, Boogerd e Iván Basso. El italiano podía resultar peligroso y Freire salió a por él, cortando el grupo. Quedaron en cabeza Basso, Cunego, Valverde, Freire, Boogerd y O¿Grady. Dio toda la impresión de que se iban a jugar el título mundial, pero Alemania llevó delante a Hondo, Wesemann y Zabel, por lo que en la meta de Verona se presentaba un grupo muy amplio. El cántabro repetía victoria en un circuito que parece hecho a su medida, el mismo en el que se impuso en 1999. Ha igualado a Alfredo Binda (1927, 1930 y 1937), Rik Van Stenbeergen (1949, 1956 y 1957) y Merckx (1967, 1971 y 1974), convirtiéndose en el cuarto corredor que logra tres títulos. «He ganado tres mundiales, pero eso no me iguala a Merckx. Necesitaría 20 o 30 años corriendo para estar a su altura y no creo que lo lograse», dijo el vencedor.