Vicente Rodríguez, el vigués que dirige la selección femenina de baloncesto, ve oscuros intereses en las acusaciones de insociable y de trato despectivo de algunas de sus jugadoras
26 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.No todo después de Atenas es celebración o anonimato. También hay una tercera vía para los deportistas gallegos, la confrontación. La comenzó el remo y le tocó en sus carnes en los últimos días a Vicente Rodríguez, el vigués que ha dirigido la selección femenina de baloncesto. Cholas tuvo que defenderse de las acusaciones de crear mal ambiente que llegaron desde el Ros Casares con Amaya Valdemoro a la cabeza. Según el vigués, el icono del combinado femenino se acaba de inventar una sarta de mentiras para justificar su pataleta. Todo fue bonito en Atenas, al menos en cuanto el equipo fue acumulando victorias hasta toparse con el dream team . Las cosas cambiaron de repente en la presentación del Ros Casares. Amaya Valdemoro, Rosi Sánchez -«quien antes de la Olimpiada me pidió que le ayudase a encontrar equipo», recuerda el seleccionador- y Elisa Aguilar le acusaron de insociable y le tildaron de triste y personalista en detrimento del grupo. De no darle ni los buenos días y de tratarlas despectivamente en los entrenamientos. «Todo eso es mentira. No lo admito porque en mi vida le he faltado a nadie», comentó Cholas, después de conocer una reconfortante declaración pública: Laia Palau había desmentido a sus compañeras en Radio Barcelona. «Todo vuelve a su cauce. Cuando salió el tema llamé a jugadoras que tuve en el Celta para preguntarle por mi carácter y me confirmaron que jamás les había gritado. Las declaraciones de Laia ahora lo aclaran todo». Incluso la aseveración de la catalana deja al descubierto la posible trama valenciana. «Todo esto puede tratarse de una estrategia para desprestigiarme y poner a otro seleccionador más afín a ellas», apuntó Vicente Rodríguez. Ese mismo día, ¿por casualidad?, la referencia del baloncesto femenino español anunció que pensaría su retirada del combinado hispano si el vigués -que cuenta con el apoyo de la federación- seguía al frente del equipo. Las acusaciones le sirvieron a Cholas para reflexionar sobre su conducta en Atenas. Lo primero que hizo fue recordar su nula relación personal con las jugadoras. Fuera de los entrenamientos y de la preparación de partidos seguían caminos distintos. «Yo nunca salgo con ellas ni estoy con ellas. Mi relación con el equipo es estrictamente profesional, y en ese sentido nunca he tenido una mala palabra con nadie». Asegura que no le afectan en lo deportivo, pero si en lo personal. Principalmente con sus retoños. «Tengo hijos y no tienen porque escuchar esta sarta de mentiras. Eso es lo que más me indigna. Por lo demás estoy muy tranquilo».