Un apagón interrumpe otro flojo partido de España

Vicente Costa VALENCIA

DEPORTES

La tormenta obligó a suspender el amistoso ante Escocia a media hora del final

04 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Una noche de perros en todos los aspectos, por las inclemencias del tiempo y el pésimo juego de una deprimente España, se cerró con la suspensión a falta de media hora para el final del amistoso ante Escocia, a causa un apagón de luz en el estadio Ciudad de Valencia justo cuando la selección reaccionaba. La tormenta, con fuerte aparato eléctrico, y el diluvio, provocaron una bajada de tensión que afectó a las torretas del estadio. El colegiado francés concedió media hora de plazo para reparar la avería, pero como era casi imposible conseguirlo y el césped estaba anegado, con un palmo de agua, decretó el final del choque. Todo fue negativo en la noche de la gota fría salvo el reencuentro de Raúl con el gol, aunque fuese de penalti tras entrar en la segunda mitad. Luis Aragonés alineó un equipo a priori ilusionante, con nueve novedades respecto al que salió y defraudó de inicio ante Venezuela, pero ni por ésas. No hay manera. A día de hoy, España deambula despistada, confundida, con un sinfín de dudas. No sabe a lo que juega, carece de estilo y, lo que es peor, sus jugadores parecen haber asumido su mediocre rol en un combinado nacional perdedor. El cambio tiene que ser radical porque a la vuelta de la esquina está la clasificación para el Mundial de Alemania, esta España es un caos y Serbia, Bosnia y Bélgica no son inferiores a Escocia. Tristes Con Raúl en el banquillo, tal y como exigía la opinión pública, Tamudo y Reyes en ataque, Joaquín y Reyes en las bandas y Xabi Alonso y Baraja en la dirección, España estaba llamada a devolver la alegría a la afición, a un público que le dio la espalda en Valencia por la lluvia, el viento y el penoso y cercano recuerdo de la Eurocopa. Pero el problema es que el fútbol es un estado de ánimo, los españoles están tristes y, además, no siempre los buenos jugadores conforman un buen equipo. En todo el primer tiempo, España se mostró plana, fue incapaz de engarzar una jugada de cierto mérito, de dar cuatro pases seguidos y de gozar de alguna ocasión de gol. Se mostró vulnerable atrás, no tuvo salida del balón, fue nula en la creación en el medio, no desbordó por los flancos y Fernando Torres y el espanyolista Raúl Tamudo no recibieron el balón ni una vez sola en condiciones. Sin hacer nada, simplemente a base de faltas y con pelotazos buscando a su delantero, la selección de Escocia manejó con enorme solvencia la situación, sin sufrir en absoluto por parte de ninguno de sus jugadores. Marcó un gol afortunado, ya que Baraja cabeceó en propia meta un saque de esquina, pero pudo anotar dos más. Si no lo hizo fue porque Casillas, el mejor del equipo sin discusión, salvó dos mano a mano con Crawford. Mejoría Sin hacer nada del otro mundo, el combinado de España mejoró su imagen en el cuarto de hora que se jugó de la reanudación. Claro que, empeorarla, hubiera sido imposible. El entrenador Luis Aragonés hizo tres cambios del tirón y en lugar de dejar desasistidos en punta a Tamudo y Torres, decidió aproximar por el medio a Juan Carlos Valerón, Reyes y Raúl y que Joaquín y Vicente se pegasen a las bandas. Así, la selección tuvo mucho más el balón y trenzó alguna jugada interesante. En una de ellas, Raúl aprovechó un error del portero y asistió con inteligencia a Reyes, quien cuando iba a rematar fue objeto de penalti. Pese a su mal momento, el madridista asumió la responsabilidad, recogió el balón, engañó al portero y firmó el empate. Cuando el partido más prometía y los guerreros Crawford y Marchena ya fueron sustituidos, llegó el irreparable apagón.