El americano fue el mejor en la cronoescalada y se metió el Tour en el bolsillo.
21 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Nos quedan cuatro días para ver si tiene un mal momento, un desfallecimiento. Lance Armstrong continúa con su recital en el Tour, impasible, inabordable, crecido, dominador. Demasiado humillante para sus rivales cuando vean que acabó con fuerzas, incluso para esprintar en la llegada. Ni los problemas que tuvo con su bicicleta antes de la salida, que daba veinte gramos menos del peso reglamentario, le alteraron. Cambió de máquina sin más. Ayer Ganó la cronoescalada a Alpe D¿ Huez, su cuarta victoria de etapa en este Tour contando la contrarreloj por equipos. Triunfó con holgura, ampliando la distancia con sus rivales. Ullrich, que ha despertado demasiado tarde, vio como el americano le endosaba poco más de un minuto. Lo de Basso fue algo más grave. Los nervios le pasaron factura y subió muy agarrotado. La imagen del día fue ver al líder del Tour doblando al italiano. Había salido dos minutos después que él y, a tres kilómetros de la llegada, Armstrong le pasó por encima. El corredor del CSC, ve como después de la etapa de ayer, su segundo puesto peligra. Klöden se acerca a un minuto y quince segundos y a Ullrich, que está cuarto, le quedan aún cosas por decir. Así pues, la emoción de la carrera se centra en la disputa por la segunda plaza y al líder hay que dejarle de lado. No es que queramos despreciarlo, pero llevamos seis años en los que Armstrong se ha mostrado intratable. Francia durante el mes de julio continúa siendo un coto donde caza el americano. No deja ningún resquicio por donde sus rivales le puedan atacar. Les convierte en guiñoles movidos por los hilos que él maneja. Es cierto que siempre aparece alguien que se le acerca, pero que no es constante, que se diluye con el paso de tiempo. Todos sus adversarios en esta edición han tenido un día malo, y él ha estado ahí siempre. Lo importante en esta prueba es no fallar. Si encima puedes atacar, estarás en condiciones de plantar cara a los mejores. Se puede pensar que él nunca falla, pero también que no hay corredores que estén a su altura. Lo que es cierto es que Armstrong vino decidido a hacer historia. Su preparación y la de su equipo así lo demuestran.