El primer equipo podría descender a Regional Preferente el 31 de julio y los liquidadores que serán nombrados en la próxima asamblea deberán rezar para alcanzar un milagro
29 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.El mes de julio volverá a ser decisivo para el Compostela, igual que sucedió en los últimos años. La afición, cada vez más insensible, está acostumbrada a vivir julio con el corazón en un puño. El Compostela, con una deuda que supera los 8,6 millones de euros, tiene un futuro muy negro, sobre todo después de la sentencia de la jueza María Elena Fernández Currás. El club celebrará próximamente una asamblea extraordinaria para designar los liquidadores de la sociedad, que tendrán que vender lo poco que tiene el Compostela para intentar levantar los embargos y para pagar la deuda contraída con los futbolistas y poder competir la próxima temporada en Tercera División. Sin embargo, el objetivo parece inicialmente una misión imposible, pues nadie se cree capaz de alcanzar un reto del que hace tiempo desistieron los actuales mandatarios. Sólo el ex presidente José María Caneda, máximo culpable y responsable de la caótica situación del Compostela, se suelta la melena de vez en cuando para atacar a los dirigentes y a los políticos, y para intentar conseguir algo del protagonismo que ya casi nadie le concede. La última que soltó el mandatario es que está dispuesto a devolver al equipo a Primera División en cuatro años. Ver para creer. La recta final El Compostela camina con paso firme hacia la desaparición, aunque otros clubes de España funcionaron deportivamente con liquidadores (por ejemplo, el Logroñés) durante algunas temporadas. Este podría ser también el caso del Compostela, si antes del 31 de julio consigue los cincuenta millones de pesetas que se le deben a la plantilla y a los técnicos. Sin este dinero, el primer equipo descendería a Regional Preferente y se acercaría todavía más al abismo, con lo que su supervivencia sería casi imposible. Hace un par de meses, la actual junta directiva que preside Juan Silva solicitó en asamblea la disolución del club. Sin embargo, y con Caneda al frente, los accionistas echaron por tierra la propuesta del consejo. Ahora, pocas semanas después, la jueza da la razón a Silva y a su equipo y confirma que el Compostela inicia su recta final. Sólo un milagro, en forma de mecenas, podría evitar el naufragio de una entidad que la pasada década se codeaba con los mejores clubes de España. Precisamente fue este meteórico ascenso a la liga de las estrellas el que acabó por arruinar al Compostela. Una nefasta gestión La nefasta gestión económica de Caneda, que nunca dio explicaciones de sus actuaciones y jamás justificó sus más que sospechosos fichajes e iniciativas financieras (una empresa de publicidad, la venta de futbolistas, la compra de jugadores desconocidos por unas cantidades astronómicas, etcétera), está matando al Compostela. José María Caneda se fue sin explicar las cuentas y dejando un agujero económico imposible de solucionar. El ex presidente abandonó el barco un par de días antes de conocerse el fallo que obligaba al Compostela a ampliar su capital social. La cantidad exigida sentenciaba a muerte al club. Caneda escondió la verdad y justo cuando cedió el testigo se descubrió la bomba, que explotó en las manos de Juan Silva. Días después, el Compostela descendió a Segunda División B y la crisis económica que dejó Caneda hundió definitivamente el barco. Los apoyos prometidos, las ayudas y el dinero que estaba a punto de reflotar al Compos tras la huída de Caneda desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos. Importantes embargos Los embargos empezaron a asfixiar todavía más y la pésima planificación deportiva que dejó Caneda (con Argimiro Pérez, Lucas, al frente del banquillo) hicieron inviable cualquiera proyecto. Ahora, casi un año después, el Compostela está condenado a la desaparición. Esta más cerca de la muerte. Nadie da un duro por la entidad blanquiazul y los liquidadores poco podrán hacer para salvar al enfermo. Este mes, el Compostela celebrará una asamblea para elegir los liquidadores del club. Mientras, los consejeros tendrán que planificar la próxima temporada, pero todo apunta a que esperarán a lo que resuelva la asamblea. Por lo tanto, la actividad del Compostela será mínima hasta final de mes y el tiempo se echará entonces encima y la deuda con la plantilla impedirá, posiblemente, que el equipo pueda jugar en Tercera División. La decisión de la jueza, que no sorprendió a nadie, es el principio del fin del Compostela.