Trulli logra su primer triunfo en la carrera más accidentada

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Alonso y Schumacher abandonaron por sendas colisiones en el túnel

23 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Con Mónaco llegaron las averías inoportunas y los accidentes espectaculares. El trabajo de pretemporada en los talleres había sido tan sesudo y efectivo que parecía que sólo Minardi, por costumbre, y McLaren, por negligencia, iban a sucumbir a una roturas de motor que parecían ya extinguidas en la fórmula 1. Pero la mitad del paddock finalizó la carrera de Montecarlo antes de tiempo. Sato cubrió de niebla con su vehículo la zona del muelle; Fisichella acabó por los aires usando a Coulthard como trampolín; el imbatible Michael Schumacher giró sobre sí mismo después de un fallo en su monoplaza; Raikkonen, en un esperanzador quinto puesto, volvió a irritarse con su desesperante McLaren; y así hasta once, el último de ellos Fernando Alonso, que salió del túnel a trescientos por hora y con un movimento pendular entre los guardarraíles. Pero el culpable de su precipitado adiós a Mónaco tiene nombre y apellido alemán, Ralf Schumacher, quien se negó a apartarse para ser doblado cediendo al asturiano la zona más sucia del asfalto. La carrera ya comenzó con retraso. Trulli y Alonso volvieron a aprovecharse de su gran dispositivo de salida, y se colocaron primero y segundo respectivamente. Los BAR taponaban a Ferrari, pero de nada servía la distancia que adquirían los Renault porque los accidentes obligaban al reagrupamiento. Trulli, Alonso y Schumacher parecían el podio definitivo, pero en la vuelta 44 el asturiano se despidió por primera vez de un gran premio esta temporada y cuando más cerca tenía el escalón. Michael Schumacher siguió sus pasos poco después y Jarno Trulli se vio triunfante con una ventaja clara sobre su acosador, el británico Jenson Button, que se exhibió en los últimos giros hasta el punto de contener la respiración de Briatore. Pero Trulli aguantó. Su coche también. Los fantasmas de la fórmula 1 obviaron su monoplaza. Porque ayer en Montecarlo podía pasar cualquier cosa.