El Valencia de Benítez vuelve a conquistar el título en Andalucía

Pedro Vilches SEVILLA

DEPORTES

Dos años después de ganar la Liga en Málaga, los «ché» repiten en Sevilla

09 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Para que esperar más si en diez días está la final de la Copa de la UEFA en Goteborg. Eso debieron pensar los valencianistas, que en otro notable ejercicio de oficio y eficacia aprovecharon su primera oportunidad matemática para conseguir su sexta Liga. Si hace dos años se coronaron en Málaga, esta vez se llenaron de gloria en la mágica Sevilla. Ganaron bien en el Pizjuán, tras sumar su partido número 20 sin encajar ningún gol en este Liga, aunque es indudable que les acompañó la suerte en la segunda mitad. Vicente, de nuevo estratosférico, marcó al principio, y Baraja lo hizo al borde del final. Ambos desataron la locura y llenaron de incertidumbre a un Sevilla que lo intentó hasta extenuarse pero se aleja de la UEFA. Rotaciones Ni siquiera en el momento de la verdad, cuando acariciaba el título, a Benítez le tembló el pulso. No pareció importarle que Mista, sancionado, y Rufete, lesionado, se perdieran la cita ya que, además, dejó en el banquillo a jugadores tan importantes como Baraja y Aimar, y prefirió no arriesgar con Angulo, tocado. Es un bloque tan compacto, tan bien estructurado, que el funcionamiento apenas varías en función de sus jugadores. Tras un arranque prometedor del Sevilla, que encerró al rival a base de una intensa presión en el centro del campo que en realidad tampoco se tradujo en ocasiones, el Valencia pasó a manejar con solvencia la situación en el primer período. Tranquilos por su espléndido momento de forma y la jugosa renta de ventaja en la tabla, los 'chés' permitieron que el Sevilla tuviera una posesión de balón completamente improductiva y salieron de maravilla al contragolpe. Además, el Valencia, como todos los campeones, tiene la suerte de cara. Esta vez, decantó el duelo a su favor en la primera aproximación. Fue una acción casi con tanta virtud de Vicente como demérito de la zaga hispalense. La jugada fue preciosa. Sale Carboni, toca de tacón Xisco y Vicente se interna por la izquierda con el balón controlado sin que ni Sergio Ramos ni Javi Navarro le pudiesen dar alcance. Cuando llega al área, Esteban le regala su palo. Golazo, 0-1 y jolgorio naranja. Ese gol fue un golpetazo terrible para los de Caparros, a los que les nubló todavía más la mente. Y los levantinos se encontraron comodísimos hasta el descanso, inalterables ante la presión que suele atenazar a quien ya se ve campeón. Puestos a ponerles algún pero, les faltó ambición para sentenciar el partido y el título. El panorama cambió en la reanudación. El Valencia se vino demasiado atrás, un defecto en parte comprensible ya que incluso un empate sería un resultado excelente aunque no definitivo, y el Sevilla creció. Mejoró con Darío Silva arriba porque, aunque no esté bien, el uruguayo siempre es un incordio, un peleas. Con él y con la 'Bestia', cada balón dividido en el área era sinónimo de peligro. Rafa Benítez dio entrada de forma progresiva a Baraja, Angulo y Aimar, pero el Valencia no recuperó el gobierno del partido aunque sí mantuvo el resultado. En este período, la fortuna se alió definitivamente con los valencianos, que salvaron su portería milagrosamente en acciones de Darío Silva, Baptista o Carlitos. Cañizares, soberbio, volvió a dejar su sello en un partido para la historia que se cerró con un golazo de Baraja cuando todavía había suspense por el resultado.