Los blanquiazules intentarán remontar el 4-1 de la ida ante el campeón de Europa
06 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Jugar muy bien al fútbol, empequeñecer a un gigante, echar el resto y tener fortuna. Estas son las premisas de un encuentro marcado por una ilusión difusa que se concreta en la palabra milagro. El Deportivo se juega hoy ante el Milan la última y mínima oportunidad de mantener viva la temporada. En la Liga ya está todo escrito, pero en Europa los blanquiazules aún no han dejado de respirar a pesar del contundente cuatro a uno de la ida. Casi nadie fuera de A Coruña cree en la gesta. Ganar tres a cero, cuatro a uno o seis a dos siempre es complicado ante cualquier equipo. Hacerlo ante el campeón de Europa roza lo paranormal. Pero es lo que le queda al Dépor. Y tiene la obligación de disparar hasta el último cartucho para no defraudar las esperanzas que, a pesar de todo, la afición mantiene. El encuentro de sus vidas Ante una orquesta afinadísima los coruñeses deberán cuajar el encuentro de sus vidas, con la mejor versión posible de todos sus jugadores, incluyendo aquellos que no siempre se caracterizan por una implicación incondicional. Sólo a partir de la entrega total a la causa se podrá alcanzar esa atmósfera mágica ya vivida en Riazor que conduciría hacia lo imposible. Como siempre, Jabo se guarda sus ases en la manga y son varias las opciones que maneja, desde la más osada, con Fran en el doble pivote junto a Mauro Silva, a la más conservadora, con Sergio haciendo de Víctor. Pero más que una cuestión de nombres, esta tarde nos encontraremos ante un asunto de héroes. Teóricamente, que Irureta coloque sobre el terreno de juego a sus mejores peloteros queda anulado por la calidad del contrincante y por la desventaja en el marcador. Al milagro se llegará por la vía heroica, es decir, por el camino de lo impensado. Mientras, en el rival reina la calma. El cuatro a uno es una especie de masaje para cada jugador italiano. Y tan tranquilos están en el mejor equipo de Europa que han saltado las alarmas en su técnico. Ancelotti está preocupado. Sabe que uno de los pocos equipos de Europa que puede soplarle en la oreja es el Dépor. Y no está dispuesto a ser un actor secundario en la historia de un milagro.