David Cal revienta el ergómetro

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo REDACCIÓN

DEPORTES

No le pidan a David Cal que les hable de piragüismo. No lo hará. En su canoa, sobre el agua, sin palabras, sólo con paladas, con muchas paladas, es donde este muchachote de 21 años, natural de Aldán, se expresa con una contundencia inusitada y una plasticidad que raya lo poético. «Cuanto más rápido va, más perfecta es su técnica», dice Suso Morlán, su entrenador, para describir la armónica figura de este gallego amante de los silencios y de su embarcación. La pasada semana, David fue sometido a uno de esos controles en los que se evalúa su estado de forma y su potencia, así como su consumo de oxígeno, sus pulsaciones, los lactatos... Cal ofreció su mejor rendimiento de siempre. Normal, hasta cierto punto, si hablamos de un chaval en los albores de su carrera, pero extraordinario en cuanto a los parámetros ofrecidos. En este examen, el palista gallego aumentó su rendimiento un ocho por ciento más con respecto al año anterior, en el que fue subcampeón del mundo. ¡Una barbaridad! En el kayak-ergómetro mejoró en doscientas vueltas su marca. «El médico miro hacia mí y no dijo nada. Yo miré hacia el médico y tampoco dije nada. Nos limitamos a quedarnos sorprendidísimos», comentó el entrenador. Por si fuera poco, a Morlán le quedó la sensación de que David todavía se guarda algo: «Acabó la prueba reventado, pero le miraba a la cara y a mí me quedaba la sensación de que todavía podía dar más». Las cualidades de David son impresionantes. Su consumo de oxígeno supera los seis litros según informan en la Federación Gallega de Piragüismo, lo que no está al alcance de todos. Esta medida es algo excepcional en un canoista y más propia de triatletas o ciclistas. David Cal aúna la brutalidad de su fuerza con la belleza de su estilo. Tiene velocidad y resistencia. No es que tenga un gran esprint, ni grandes cambios de ritmo, «pero sale a toda leche y llega a toda leche». Lleva un ritmo constante y tremendo. Y, además, lo hace bonito. Los entrenadores de otras selecciones felicitaron en Atlanta a Suso Morlán por la técnica desarrollada por su pupilo. Cuanto más rápido va, mejor es su estilo. Si va despacio, parece torpe, pero cuando va rápido su posición en la canoa es perfecta, al contrario que sus contrincantes que a mayor velocidad degeneran técnicamente. Pero de lo que no hay discusión es de que es el más rápido. «Es el que va con mayor frecuencia de paladas», dice el técnico. El alemán que le ganó en el Mundial de Atlanta, Dittner, es más lento que David, pero sus paladas son de mayor calidad. Según Suso Morlán: «Si mantenemos la frecuencia y ganamos algo de impulsión daremos un paso muy importante». El propio David, de forma escueta, comenta su trabajo de mejora: «Tengo que renunciar un poco al ataque -momento en el que se lanza la palada- para mejorar la tracción -el gesto técnico que se hace con la pala ya dentro del agua-. Otro de los objetivos es conseguir que cada palada de David sea un centímetro más profunda. Esto se traduciría en un segundo y pico más de mejora que podría ser suficiente para alcanzar el oro. Y en ello están el entrenador y el palista, entrenando como mínimo cuatro horas al día, con trabajo en la balsa, con tensores de goma, lastrando el barco... Todo para mejorar esa parte central de la palada que de momento le tiene por detrás de Andreas Dittmer, el alemán a batir. Y qué debe tener un buen piragüista para batir a sus rivales? «No hay nada fijo -dice David-. Por ejemplo, Martin Doktor, el checo campeón olímpico en Barcelona, es pequeño y delgado y siempre fue muy bien». Pero al margen de sus espectaculares cualidades físicas, hay otros aspectos que convierten a David Cal en un fenómeno del piragüismo. «Fuera es un osito de peluche. Dentro del agua es una fiera», dice el técnico que profundiza en su forma de ser: «Es trabajador y tranquilo. Le encantan los retos, pero no se obsesiona hasta el extremo de estresarse. ¡Qué va! A veces, se le ve en la canoa antes de empezar una regata importante y sólo le falta bostezar». El propio David reconoce que no siente presión alguna: «No me obsesiona eso de ganar la medalla. Yo puedo estar bien, mejor que nunca, pero igual me encuentro con que otros llegan mejor». Según José Antonio Roel, el director técnico de la Federación Gallega, la clave de este piragüista está en su disciplina: «Su diferencia con los demás es la constancia y el trabajo disciplinado. Técnicamente es buenísimo y de fuerza es un portento. Por si fuera poco, no se distrae con otras cosas. Está centrado en su trabajo y eso le ayuda a obtener grandes resultados». El joven piragüista de Aldán, en cierto modo, es el tapado de la selección española de piragüismo. No porque en el mundillo no se sepa ya que David Cal es una joya. De hecho, ya es subcampeón del mundo y dejó boquiabiertos a todos en la regata celebrada en Atlanta. Que Teresa Portela, casi la única persona con la que habla con fluidez, sea el foco mediático de este deporte, le beneficia porque le permite trabajar con mucha mayor tranquilidad. En cualquier caso, sabe que en Atenas puede escribir la página más gloriosa del deporte gallego. Palada a palada, sin palabras, envuelto en un manto silencioso que puede teñirse de oro.