Dos tantos de Francesc Bargalló ante el Igualada dan otra Copa a los coruñeses
28 mar 2004 . Actualizado a las 07:00 h.La novena ya está en A Coruña. Siete años después de que Willy Duarte levantara la octava Copa del Rey en Alcobendas, Facundo Salinas -único de los jugadores verdiblancos superviviente de aquella final- lo emuló en Jerez. Lo hizo tras derrotar al mismo rival que en tonces, el Igualada, y después de dar otra exhibición como la de junio del 97. El Liceo suma así un nuevo título que llevar a sus vitrinas y lo hace como pocos son capaces: practicando el mejor hockey sobre patines de la competición. Y es que si en Chapín hubo un equipo que lo hizo bonito y que convirtió el hockey ofensivo en su tarjeta de presentación, ése fue el coruñés. El nombre del conjunto verdiblanco y la palabra espectáculo compartieron escenario durante los cuatro días que duró la final a ocho de la Copa del Rey. En cuartos y en semifinales los gallegos recurrieron a la épica que supone darle la vuelta a un marcador que refleja un 3-0 en contra. Ante el Vic, un coruñés fue el héroe de la hazaña: Josep Lamas; contra el Barcelona, Facundo Salinas se convirtió en el protagonista contagiando a sus compañeros de su casta y haciendo el tanto decisivo en la tanda de penaltis; en la final, apareció un catalán, Francesc Bargalló, al que no le tembló el pulso para conducir al equipo hacia la gloria. Ausencia de Salinas Ni la ausencia de Facundo Salinas fue suficiente para que el Igualada se llevase el título. No llegó, porque el Liceo fue más equipo que el catalán, saltó a la pista convencido de sus posibilidades y se prestó a dar el espectáculo del que el hockey se encuentra tan necesitado. No precisó de florituras. Sólo le hizo falta seriedad, confianza y serenidad. Una vez más, la escuadra de Carlos Gil demostró que por encima de las individualidades está una camiseta que como dice su entrenador «consigue un rendimiento del 110% en cada jugador». Sucedió ayer ante un conjunto que, aun intentándolo todo, no dio muestras de peligro porque el Liceo estaba mucho mejor armado, defendía cada bola hasta el extremo y era muy superior. De inicio, el Igualada dejó a su rival el control de la pelota. Ante la falta de imaginación que sí atesoran los coruñeses, prefirió que la escuadra de Gil manejara el partido. Pero no pensó Albert Folguera que sus jugadores fueran incapaces de practicar el contragolpe (sólo tres durante la primera parte). Sí que hizo daño el Liceo, que cada poco tiempo generaba peligro ante la meta de Jaume Llaverola. Los verdiblancos llegaban sin cesar y los azulgrana bastante hacían con defenderse, como para pensar en atacar. Así, el portero igualadino demostraba, una vez más, que es el mejor del mundo. Pero su calidad no fue suficiente para superar el temple de Francesc Bargalló, que lo bailó bien en el lanzamiento de los dos penaltis que darían los dos tantos a los coruñeses. Entre ambos goles (minutos 13 y 32), mucho dominio verdiblanco, nerviosismo azulgrana, control gallego, desesperación catalana, ocasiones de Jordi Bargalló, paradas de Llaverola, arrojo coruñés, impotencia igualadina... Antítesis pura entre un Liceo crecido y un Igualada agonizante. En Jerez, el Liceo ganó otra Copa, y el hockey ganó credibilidad con un equipo coruñés que demostró que con espectáculo y alegría también se levantan trofeos.