El Zaragoza es el décimo que se lleva los tres puntos de Balaídos
28 mar 2004 . Actualizado a las 07:00 h.El Celta se hunde irremisiblemente en el pozo de la Segunda División. Ni jugadores, ni entrenador ni en consecuencia aficionados parecen confiar en la salvación. Los vigueses se vieron ayer impotentes para superar a uno de los rivales directos en la lucha por la permanencia y sumaron la décima derrota de la temporada en Balaídos. La derrota de ayer llegó a falta de un cuarto de hora de hora justo cuando Cáceres se expulsó de forma absurda dejando al equipo en inferioridad. Como en Santander, el Celta tiró por la borda el partido. El equipo se suicidó, aunque si se mira la clasificación el Espanyol (a dos puntos) y el Mallorca (a cuatro) son superables. Pero la imagen del conjunto vigués es la de la rendición. Celta y Zaragoza empezaban el partido dentro del mismo barco, el que hace aguas camino de las profundidades de la Segunda División, junto a otros equipos. No hay bote salvavidas para todos y el Celta es el peor posicionado para meterse en uno. Para no irse a pique tenía que arrebatarle a los maños el que pretendían coger en Balaídos. El problema es que los aragoneses saben nadar, llegaban con moral después de ganar la final de Copa, y el Celta está tan mal que necesita flotador. Por eso el Zaragoza se sintió en principio muy cómodo sobre el césped del estadio vigués, llevando la iniciativa en el juego mientras los celestes se limitaban a cerrar líneas para evitar que los visitantes abandonasen la nave. Así pasaban los minutos sin ninguna ocasión de gol y con Jesuli como único que le ponía ganas intentando despertar ofensivamente al Celta. Transcurría el minuto 20 cuando en las filas célticas se registró una nueva baja que unir al parte de guerra: Giovanella. Fue sustituido por Oubiña, que entró con ganas de comerse el mundo y en el primer balón que tocó mandó un pase que creó la primera ocasión celeste, que desperdició Jesuli. Esta acción dio moral a todos los compañeros que empezaron se crecieron y empezaron a hacerse cargo del ritmo de juego. Fruto de esta actitud llegó la mejor oportunidad en una combinación de Ilic con Milosevic que acabó en Gustavo, cuyo zurdazo se marchó demasiado cruzado. Fueron los mejores minutos celestes, antes del descanso, pero en los últimos metros había inseguridad y con la misma situación que en el principio se llegó al segundo tiempo. El ímpetu se vino abajo con el descanso y el Zaragoza volvió a sentirse como pez en el agua. Hacía falta un cambio de rumbo y Antic decidió meter en el campo de batalla a Mostovoi en lugar de un apagado Gustavo López. Nadie era capaz de cambiar el equilibrio de fuerzas. Era necesario un golpe de timón. La pelota se paseaba calmadamente al sol de la tarde viguesa y nadie era capaz de meterla en las áreas dándole un poco de salsa a un partido insulso. Esta situación beneficiada a los intereses maños, a quien un empate le valía para seguir en una situación relativamente cómoda. Final caótico El encuentro entró en una fase bronca a partir de un penalti dudoso sobre Mostovoi y varias faltas por parte de los dos equipos. Los nervios juegan malas pasadas en una situación como la que viven los celestes y ayer se apoderaron incluso del banquillo, donde Antic dio muestras de desesperación al romper el equilibrio que tenía el equipo sacando del campo a José Ignacio para meter a Edú. El riojano tenía molestias, pero en el banquillo estaba Vagner. Fue una decisión errónea porque más vale punto en mano que ciento volando teniendo en cuenta la derrota sufrida ayer por otro de los rivales directos, el Mallorca. El Celta, especialista en tirar partidos, cedió entonces muchos espacios y en uno de los que aprovechó el Zaragoza Cáceres cometió una fuerte entrada por la que recibió la segunda amarilla dejando al equipo en inferioridad. En esa misma falta llegó el gol de Álvaro. Ahí acabó un partido que al final mató Yordi metiendo al Zaragoza en el salvavidas y hundiendo al Celta.