El Dépor mereció remontar en un duelo épico con el Barça

Alfonso Andrade Lago
Alfonso Andrade A CORUÑA

DEPORTES

CÉSAR QUIAN

Los coruñeses cambiaron el sino del partido cuando Pandiani entró por Tristán.

29 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Hasta otra, Diego. Bienvenido, Walter. Se pueden buscar todas las excusas del mundo y hasta recordar que el árbitro se tragó un penalti con 0-0 que pudo modificar el resultado, pero la realidad se resume fácilmente: el Barcelona fue mejor contra diez y cuarto, y peor contra once. Pero los cambios, acertados, no llegaron a tiempo. Así de sencillo. A pesar del comportamiento que una parte de la caballerosa grada de Riazor tiene con Tristán, se le hace un flaco favor al equipo silenciando el abucheo general del estadio, partido tras partido. Ayer se fue en el descanso, entró Pandiani, y con él, aparecieron los goles. Con Walter, un equipo enfermo recuperó la salud. Dos centros medidos de Romero y dos testarazos a la red incontestables. La segunda parte del Deportivo debe marcar un antes y un después en el futuro del equipo. Tanto Fran, como Walter y como Djalminha revelaron el tesoro que Irureta tiene en el banquillo. Además de jugar prácticamente con un futbolista menos desde el inicio, varios jugadores acusaron el esfuerzo del miércoles, frente a la Juve. El Dépor estuvo partido en dos mitades casi desde el comienzo, con las línas muy separadas. Así, la media del Barcelona encontró todo tipo de facilidades para mover el balón. Puso tesón al principio el cuadro coruñés, pero le salieron pocas cosas. Demasiadas pérdidas de balón en la media provocaron los contraataques sencillos del rival. Faltó también precisión en los centros desde las bandas. Las fuerzas flanquearon en Víctor, por ejemplo. El más fresco de todos los atacantes, Luque, estuvo desasistido en la primera parte, cuando todo el juego se volcó por la derecha. Y también faltó suerte, pues si Tristante Oliva tuviese la varita mágica de los penaltis tan sensible como en el Bernabéu, otro gallo cantaría. La falta en el área de Cocu sobre Tristán es clamorosa y bastante más clara que la de Marchena a Raúl. Pero esta fue una parte de la historia. La segunda la escribió el Deportivo con Walter y con otro protagonista: Fran. Con él volvió a funcionar el 4-1-3-2, conectó con Valerón y el equipo recuperó la intensidad de juego con la que asombró ante la Juve. La garra y la concentración de las que hizo gala el capitán devolvieron al Deportivo al partido. Fran se echó el equipo a la espalda y se entregó a la causa. Con el Paris Saint-Germain en el recuerdo y Riazor envuelto de nuevo en un manto de épica, el conjunto coruñés hizo un segundo tiempo muy bueno, desarboló al Barça a base de fútbol y se expuso a sus contraataques, asumiendo un riesgo enorme. Un centro del campo más débil, pero con más calidad y una defensa sin Naybet, que Irureta sacrificó para meter en el campo a Djalminha, fueron las claves. Con toda la artillería, el Deportivo apeló a la carga de la Brigada Ligera , con el público volcado, pero, una vez más, faltó acierto en boca de gol. El partido se convirtió en un desmadre táctico, roto con el paso de los minutos, pero también en todo un espectáculo para el público que, además de goles, se llevó a casa un buen puñado de ocasiones. La pena fue que Luque no tuviese su día, pues seguro que se acordó de todos sus antepasados cuando mandó sobre el larguero un remate franco y sin portero. La épica no siempre es suficiente, y, en este caso, no hubo fortuna. La realidad dice que, antes o después, el Dépor tenía que pagar la absurda obstinación con la titularidad de Tristán, y, por desgracia, fue en un momento clave de la temporada, con el Madrid ya a nueve puntos de distancia.