LA JORNADA del sábado dejó un sabor amargo en el deportivismo puesto que se perdieron dos puntos y, con ellos, la oportunidad de mantener una posición de privilegio en relación con el primer clasificado. Las imágenes de televisión grabadas en el estadio Vicente Calderón, con los errores innumerables de Diego Tristán en boca de gol, no hacen sino remarcar esas posibilidades. En la segunda parte, los blanquiazules fueron muy superiores pero les faltó el remate final, el pase a la red, en definitiva, el gol. Contrasta todo ello con la exhibición que viene ofreciendo Roy Makaay en el Bayern de Múnich. El holandés lleva anotados 19 goles. Ha metido cinco de los seis tantos que el Bayern ha marcado en la Liga de Campeones y, ante la lesión de Ballack, no ha tenido inconveniente en actuar entre líneas para aparecer como el goleador primordial del equipo bávaro. Es una lástima que el Deportivo, tradicionalmente clasificado como equipo comprador, haya tenido que cambiar su filosofía y convertirse en club vendedor, pero ya se sabe que, cuando los gastos superan a los ingresos, los clubes de fútbol no tienen más remedio que vender a sus mejores futbolistas para contrarrestar los efectos producidos por la gestión. Los apuros económicos se han visto aliviados con los millones de Makaay, pero los apuros goleadores se han visto aumentados con la salida del holandés. Y no es porque Tristán, Luque o Pandiani no hayan acertado de cara al gol, sino porque el estilo de juego de Roy había permitido a Javier Irureta una serie de variantes muy interesantes y fomentaba un espíritu de contragolpe que permitía opciones de robo, velocidad y contraataque. En cualquier caso, la operación financiera también permitió otras oportunidades al Deportivo que, afortunadamente, pudo respirar y afrontar algunos pagos urgentes. A la afición, que padece las ausencias goleadoras en algunos partidos, le compensa saber que las arcas del club están ahora menos ahogadas. Cuestión de prioridades. Y no está prohibido poner la tele y mirar de reojo los goles de Makaay.