Los celestes vencieron con comodidad por 0-2 con tantos de Mostovoi y Jesuli.
15 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.El nuevo Jose Zorrilla no decepcionó. El estadio talisman para el Celta volvió a serlo una vez más. Los vigueses encadenaron su quinto triunfo de forma consecutiva en las últimas visitas a Pucela. Además rompieron una racha de esta campaña en la que no habían sido capaces de sumar dos victorias seguidas. Fue un partido de improvisaciones por parte de los dos equipos. Si las bajas de cuadro vigués obligaron al técnico celeste a inventar una banda izquierda de traca con Méndez y Giovanella, a los blanquivioletas se les borró la línea creativa al perder a Sousa, Makukula y Sales. La actitud había sido lo más llamativo del partido de los célticos ante el Villarreal. Eso y una presión en el campo rival con la línea defensiva muy adelantada. En Pucela, repitieron ambos conceptos y en principio surtió efecto. El Celta ahogaba a los locales de tal forma que cada pérdida de balón de estos suponía un momento de riesgo. A los atacantes del equipo vigués les faltaba fluidez y esto hacía que los instantes de peligro se disipasen antes de entrar en las cercanías de Bizzarri. El Valladolid se sentía más cómodo sin tener el balón. Los celestes sufren sin él. Todos contentos en esta fase y con la sensación de tener el partido controlado. Sólo un gol podía crear discrepancias y romper un equilibrio que había convertido el partido en un soserío de unas dosis insufribles. Casi todas las opciones viguesas consistían en saques a balón parado que solían buscar la acción de estrategia. Las de los vallisoletanos se amparaban en la movilidad del salmantino Óscar, del canterano Xavi Moré y la pillería del vigués Losada. Entre el bostezo generalizado y un montón de carambolas e imprecisiones de patio de colegio, a los célticos les surgió un contratiempo que hasta resultó ser beneficioso. Méndez recayó de sus problemas en el tobillo y esto obligó a la entrada del jugador del filial Israel. Lo mejor que se puede decir de la primera parte es que estas cosas se olvidan pronto para suerte del fútbol. Cambio de rumbo Nada más iniciarse la segunda mitad todo fue distinto. En el primer minuto uno de los muchos balones que colgó el equipo vigués encontró premio. Un centro de Israel lo peleó Milosevic y el balón le cayó muerto a Mostovoi que empalmó a gol sin nadie que le distrajese. El capitán celebró así su récord de 226 partidos en Primera. Esto abrió un partido nuevo. Ángel pudo aumentar la renta en la siguiente jugada. Después fue Losada quien contó con la colaboración inesperada de Cavallero y tuvo el empate. En un corto espacio de tiempo el choque ya estaba dando que hablar. El Valladolid, poco a poco, fue ganando en confianza. Al menos estaba obligado por el resultado adverso y se atrevía a exponer algo más. Sus llegadas inquietaban a la defensa viguesa que se muestra mucho menos nerviosa cuando juega lejos de Balaídos. La solidez de Sergio contagiaba a sus compañeros que parecían muy centrados en aprovechar el tirón. En medio de una desenfrenada carrera de los locales por intentar, como pollos sin cabeza, que su suerte fuese otra, el Celta sentenció. Un buen contragolpe con excelente asistencia de Milosevic a Jesuli puso al sevillano en disposición de hacer el 0-2 que hizo justicia al ganador. Los vigueses quisieron ganar y con más o menos brillantez lo lograron. El celtismo cantó otra vez la Rianxeira en Valladolid y respira un ambiente optimista que le permite tranquilizarse.