Lotina seguirá siendo el entrenador del Celta. La semana de ultimátum la ha zanjado con dos triunfos y grandes dosis de crédito.
10 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.El que logró en Son Moix fue un premio a la valentía que el celtismo le agradecerá. El técnico celeste volvió a la olvidada línea de cuatro defensas. Para ello debió convecer a Méndez para que asumiese el puesto de lateral derecho. Eso debía hacer que Sylvinho mejorase y así fue. Además optó por un triángulo-trivote en el que Vagner ejercía de vértice de ataque. En definitiva, una estructura de equipo bien formada y consistente. El Mallorca, fiel al estilo de Luis Aragonés, le entregó el balón a los celestes para buscar el contragolpe. Al Celta no le importó el papel de dominador y en su primera llegada Luccin estrelló el balón en el poste. Ésto y los quiebros de Gustavo López, reencontrándose como extremo, parecían un buen comienzo. Los locales aún no habían pisado el área rival cuando los demonios de una zaga maldita volvieron a aparecer. Sergio despeja mal y le entrega el balón a Colsa, que concede un pase a Bruggink. El holandés dispara y Berizzo desvía la trayectoria del balón para ver como se introduce en su portería. La grada bermellona se mofa y corea un ¡a Segunda! . Reírse de las desgracias ajenas no suele ser bueno. En tres minutos el Celta se encuentra con el empate. Un buen centro de Sylvinho para Jesuli lo convierte el sevillano en una asistencia soberbia a Milosevic. El serbio falla lo imposible, pero José Ignacio, que estaba bien colocado, remata la faena. Dentro de lo malo el vaso se veía medio lleno porque todo estaba como al principio y el partido estaba abierto. El público de Son Moix es un bendito. Soporta estoicamente ver a su equipo agazapado sin un silbido de desaprobación. El Celta le mareó y gozó de hasta cinco oportunidades, la mejor de ellas otra vez para Milosevic. Cuando ya parecía que no pasaría nada, Raúl Martín se fabricó un piscinazo en el que engañó a Megía Dávila que pitó penalti de Sylvinho. Bruggink en su segundo disparo convertía. Cien por cien de efectividad. La ausencia de Etoo hasta les había resultado beneficiosa. Lotina estaba con la soga al cuello y sus jugadores cual forajidos del Oeste tomando zarzaparrilla para salir entonados. Tras este trago se les vio con menos tranquilidad y muchas dosis de ansiedad. El árbitro, con remordimientos de conciencia, expulsa al brasileño Nené por una dura entrada a Milosevic, pero no tanto como para la roja. Los célticos deben aprovechar su superioridad y su entrenador prepara a Catanha. Con este a punto de entrar el Celta empata con un soberbio cabezazo de Jesuli a otro gran centro de Sylvinho. El técnico aún piensa en ganar y le da la enésima oportunidad a Catanha. La defensa viguesa quedó descuidada y el partido, abierto a cualquier resultado. Segundo penalti Megía echa otra mano y señala un polémico penalti a José Ignacio. Luccin lo hace gol. En el tiempo añadido dos caras, la de Catanha fallando más de lo mismo y Milosevic cerrando el triunfo. El Celta respira hondo y Lotina suspira aliviado. Otra muesca para su cabecera.