Está vivo. El Celta demostró en Málaga que sería prematuro condenarlo a los infiernos cuando le queda mucho por vivir en esta campaña.
07 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.El triunfo copero servirá a Lotina para recuperar autoestima, aunque sin olvidar que una vez más será en la Liga donde se decida su futuro. Los suplentes avalaron su continuidad. Lotina planteó un partido en el que reiteraba la línea de tres centrales, con Méndez, Sergio y Cáceres, fiel a su convicción de que sin Velasco no tiene lateral derecho. Además, reforzó la medular con el trivote Vagner, José Ignacio y Giovanella, que en esta ocasión se convertía en un 3-5-2 con Ángel y el canterano Israel como carrileros. Este dibujo de contención se le atragantó al Málaga, que no podía echar mano de lo que más le gusta a los equipos de Juande Ramos: contragolpear. La acumulación de jugadores en el medio suele conllevar partidos toscos, de esos que le gustan a los entrenadores. En algo se tienen que diferenciar del resto que se aburre con estos panoramas en un bostezo incalculable, aunque éste fue de al menos cuarenta y cinco minutos. Con la calma de verse arropados en defensa, algo necesario después de encajar cinco goles, arriba los célticos encontraban en la rabia de Catanha su mejor estilete. El brasileño en su primer encontronazo con Litos dejó al portugués lesionado, lo que obligó a los locales a la entrada de Juanito. Su ímpetu por demostrarle a la Rosaleda que aún le queda algo de aquel pichichi de otrora, era el mejor estímulo que recibían los celestes para quitarse el traje de alma en pena que llevan puesto. Las secuelas del derbi podrían notarse al mínimo desajuste mental. El equipo vigués estaba haciendo como otras muchas veces las cosas bien, pero le faltaba marcar para reforzar su baja autoestima. No lo hizo nadie antes del descanso, que dio la pausa a una sosería desesperante. Hasta aquí el objetivo vigués se había cumplido, pues estaba vivo en el partido y la eliminatoria, que en este momento no era poco. Al Málaga le hacía falta abrir huecos y por eso sentó a Romero y colocó a Manu. Lo que hizo fue abrirle espacios al rival, que en diez minutos se encontró con tres oportunidades y lo más importante, un gol. Ángel y Catanha erraron en lo que parecía más fácil, pero Vagner se inventó un golazo. El ahora español gozó de tiempo para dejar botar el balón y enganchar una volea imparable que entró tras tocar en el larguero. El abrazo colectivo dejó ver la importancia de lo dulce tras tanto amargor. A Juande, como solución al baño que le estaba dando la cara B del Celta, se le ocurrió colocar otro delantero, Diego Alonso. De esta forma sólo se empecinó en buscar el empate a balón parado. Encontró en esto un lanzamiento de Duda al palo y mucha tensión para Pinto en sus salidas. Mientras, Lotina decidió enfriar los ánimos con Luccin por Jandro. Luego quiso dar frescura al resto con Milosevic y Jesuli. El partido entró en una locura en los minutos finales. parecía que si los celestes estaban finos podían hasta certificar de forma anticipada su pase a cuartos. Queda el paso por Balaídos pero el viento ahora rola a favor.