Los 62 años de historia que lleva el Celta sin ganar en Barcelona no encontrarán una oportunidad tan clara como la de ayer. El conjunto vigués se topó con un rival gris que neutralizó las ansias por el buen fútbol. Cuatro lesionados, dos goles anulados y un empate justo ya que ninguno mereció el premio de un triunfo. El Barcelona sólo le había ganado en el Camp Nou a Murcia y Betis. Mientras, Sevilla, Osasuna, Valencia, Deportivo, Valladolid y Real Madrid lograron puntuar, o lo que es lo mismo, todos menos aquellos que luchan por eludir el descenso. Si el cuadro vigués quería sacarse el dedo señalador de encima, tenía que ser ambicioso. Lotina puso en juego lo mejor que tiene. Ante el dudoso estado de Juanfran optó por colocar a Contreras manteniendo el dibujo táctico. Para fortuna celeste Saviola estaba en el banquillo y con el argentino fuera el Barcelona padece una dependencia absoluta de la inspiración de Ronaldinho. El público del santuario culé ya se ha cansado de un montón de números circenses antes de empezar el partido para luego no tener nada que aplaudir. Los locales juegan nerviosos casi desde que salen por el túnel del vestuario. Sólo marcar rápido puede tranquilizarlos porque los pitos no tardan nada en escucharse. Xavi pudo aplacarlos con un lanzamiento en parábola que se topó con el larguero vigués. Único intento. A continuación llegó la Navidad. Rustu, con sus melenas oscuras al viento, se vistió de Papa Nöel turco y regaló al rival la felicidad de un gol. Una inocente cesión de Puyol la convirtió el meta en venenosa al hacer un control con la tibia que fue a parar a Milosevic. El serbio cedió a Jesuli los honores ante la incredulidad del sevillano y el horror de la grada. Sin proponérselo, el Celta estaba ganando. Rijkaard se encontró con una solución a su grave problema: Gabri se lesionó. Esto le obligó a cambiar y la presencia de Luis García le dio un aire más ofensivo a su equipo con dos extremos verdaderos. Cambios obligados Por un contratiempo similar, Juanfran entró por Sylvinho. Eso no cambió nada. El Celta debía creer en su victoria para ganar y no lo estaba haciendo. De no ser porque el árbitro anuló correctamente por falta previa dos jugadas que terminaron en gol, el susto pudo ser mayor. El descanso concedió a los celestes una pausa a modo de tiempo muerto. El partido se enrareció. Reiziger lesionado dejó su sitio al canterano López. Para igualar Juanfran cayó y provocó el estreno de Manolo que hacía tres años que no vestía oficialmente de celeste. Quedaba menos que media hora cuando Saviola entró en el campo. Sólo el conejo podía sacar al Celta de la madriguera en la que se había metido. Lotina firmó su sentencia y decidió amurallarse. Giovanella entró por Gustavo López. Hecho esto, el Barça empató. Cocu marcó en un saque de esquina por acumulación de jugadores al remate. Al equipo vigués le quedaba rezar. La vulgaridad en la que se instaló permitió al contrario sentirse superior. La sensación de frontón que daban los celestes rozaba lo patético. La suerte que tenían es que delante estaba el Barça que creía menos aún en sí mismo. A poco que lo hubiesen hecho los vigueses, les habría bastado para ganar. Por eso el empate dejaba una sensación agria que servirá para comer el turrón pero no llega para soñar con cotas más altas.