Mostovoi elude las disculpas

Marco Groba vigo

DEPORTES

27 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

?lexander Mostovoi se niega a pedir perdón por haberse encarado con su afición en Balaídos y haber provocar un desconcierto antológico en la gradas del estadio vigués. Horacio Gómez pidió al ruso, al término del partido contra el Brujas, que convocase una rueda de prensa para pedir públicamente disculpas por su acción. La contestación fue un no rotundo. La directiva no cejó en su empeño y ayer se puso de nuevo en contacto con el capitán celeste en A Madroa, para pedirle que recapacitase y que tuviese un gesto de acercamiento hacia su público. De nuevo negativa. Según pudo saber este diario, Mostovoi expuso a un miembro del club que no iba a pedir perdón porque, a su juicio, no había hecho nada reprobable ni había ofendido a nadie. Luego el mediapunta celeste intentó sin éxito pasar desapercibido. «Estoy mal» fue la única frase que el ruso pronunció ayer en A Madroa cuando se retiraba de la sesión de trabajo antes que el resto de sus compañeros. Posteriormente, levantó el brazo en ademán de «no voy a decir nada más» y abandonó apresuradamente la ciudad deportiva en su coche. El capitán del Celta ni tan siquiera esbozó una muestra de arrepentimiento por haberse dirigido un día antes al público del estadio vigués en tono desafiante después de haber marcado el gol. Pero lo peor aún estaba por llegar. Mostovoi demostró, gritando y una vez más con malos modos, que a su entender no existe ningún motivo para que se haya convertido en el centro de la atención informativa del Celta. El presidente Horacio Gómez convocó ayer a toda la plantilla y al cuerpo técnico para comer en un conocido asador de la ciudad. El objetivo de este almuerzo de crisis era confraternizar y reforzar los delicados lazos de unión entre directiva y jugadores para intentar sacar adelante el proyecto deportivo. Mostovoi llegó el último al restaurante, cuando todos los comensales estaban ya sentados en la mesa. En la entrada se encontraban congregados un grupo de periodistas, mayoritariamente fotógrafos y cámaras de televisión, que esperaban la llegada del ruso. La presencia de estos informadores no agradó al capitán celeste. Alexander no llegó a amenazar a nadie, como había hecho cuatro días antes con un redactor, pero se dirigió a los periodistas gritando, visiblemente enfadado: «¿Por qué hay que grabarme a mí? ¿Por qué hay que hacerme fotos a mí si luego ponéis lo que os da la gana?».