El Dépor impone la ley del más fuerte en un partido flojito

La Voz

DEPORTES

25 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Dos lecturas para un solo partido. El Dépor tiene en la mano el pasaporte para octavos, pero su actuación confirma que no pasa por su mejor momento. Lo demostró ante el rival más débil del grupo, un AEK que sólo ha logrado un punto en cinco encuentros y que sucumbió simplemente a la ley del más fuerte. El fallo del Mónaco en casa ?empató con el PSV? obliga a los coruñeses a no perder por dos goles en Eindhoven, en la última jornada. Pese a los diez puntos, el trabajo aún no está hecho, y la clasificación, en el aire. Al equipo le faltó precisión en la primera parte, quizá porque le sobraron nervios. No mucha, tan sólo el matiz que separa el pase fallido de la ocasión de gol. Tal vez por eso Héctor encontró la llave con un precioso remate, pero que vino precedido de un mal control de Víctor y del enésimo error de la defensa ateniense en el despeje. La aparición ofensiva de Héctor no fue fruto de la casualidad. Ambos laterales jugaron muy adelantados desde el inicio y esa fue una de las claves de que el Dépor llegase hasta el área. La otra, la inocencia de la zaga. Las frivolidades de la defensa griega rozan el absurdo. Por ejemplo, generar una ocasión para el Deportivo con un taconazo en el área pequeña. Las bandas contribuyeron a dinamitar al AEK, pero las subidas de los laterales obligaban a Duscher y Sergio a un trabajo extra, especialmente en el control de Tsartas. Esto puso nervioso a Irureta, que corrigió posiciones durante el partido. El Deportivo sacó provecho de un débil rival, pero hizo un encuentro flojito frente al AEK. Especuló con el 1-0 y frivolizó con el partido en lugar de ir con decisión a por una defensa de una pobreza alarmante y argumentos risibles. El rival no dio para más, pero en un partido de esa responsabilidad Víctor no debe fallar lo que falló, aunque estuvo bien por la banda. Y qué decir de Pandiani, que encadenó una imprecisión tras otra, revelando un momento de juego preocupante. Por fortuna, el Deportivo entendió el peligro que corría si insistía en su fútbol contemplativo, y tuvo diez minutos buenos al inicio del segundo tiempo, donde evidenció la diferencia con su rival (años luz). Ahí encontró lo que necesitaba, el gol de la tranquilidad, obra de Valerón, y a dormir el partido. Pero de nuevo con un peligro latente, porque los blanquiazules pegaron un bajón inquietante. El AEK no perdió el interés, y Molina tuvo que emplearse a fondo para salvar un par de ocasiones de gol. El Dépor debe conseguir su clasificación en la última jornada, y será el premio al trabajo de los últimos meses. El equipo lleva casi 500 minutos sin encajar un gol en Riazor en esta competición, aunque a punto estuvo Tsartas de aniquilar la estadística con un zambombazo al larguero. Además, los coruñeses han ganado en Riazor cinco partidos consecutivos de la Liga de Campeones (Basilea, Manchester, PSV, Mónaco y AEK). La Juve cosechó el último empate.