Una leyenda sin reconocimiento

Rubén Ventureira REDACCIÓN

DEPORTES

Perfil | Paolo Maldini | Tras 19 temporadas en la cima y cuatro Copas de Europa, Maldini es por fin favorito al Balón de Oro a sus 35 años

23 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

En la página web de la FIFA aún se puede leer una crónica del acto de entrega del premio Jugador del Año 1994 en la que se define a Maldini como «probablemente el lateral izquierdo más guapo del mundo y, sin duda, el mejor». Fue segundo en aquella votación, tras su compañero Weah. Han pasado nueve años, y ahora ya no puede presumir de ser el lateral izquierdo más bello del planeta. Es el central más bello del mundo y, sin duda, el mejor. ¿Pero son méritos suficientes como para ganar el Balón de Oro? Hermosura al margen (sino Beckham sería ganador vitalicio), la respuesta es afirmativa. Futboleros de peso han respaldado la candidatura del capi del Milan. Desde Madrid, y para pasmo del vestuario merengue, le ha enviado su apoyo Queiroz. Y, desde Cuba, la mano de Dios ha señalado a su favorito: «Se lo daría a Maldini», ha dicho El Diego . Pero la saliva no otorga votos. El Balón de Oro lo deciden 53 corresponsales de la revista France Football . O sea, que tiene más peso el periodista que hace esta labor en Lituania que Maradona. Sus rivales merengues El propio Maldini ha dicho que le daría el premio a Roberto Carlos o a Raúl «si se tienen en cuenta los valores absolutos». Ahora bien, «si se decide que tiene que ser un jugador que ha ganado una gran competición, habría que pensar en alguno del Milan». Como éste último es el criterio que suele tener en cuenta la revista, el italiano figura como el máximo favorito. Paolo es el Milan. El de anteayer, el de ayer y el de hoy. Hijo de un mito rossonero (su padre alzó la primera Copa de Europa del club), debutó en la Serie A con 16 años y sigue ahí con 35. De aquella apisonadora que frustró a la Quinta del Buitre en 1989 y 1990 se recuerdan la revolución táctica de Sacchi, la elegancia atlética de Van Basten, el despliegue técnico de Gullit y la tozudez defensiva de Maldini, que desactivó al mejor Míchel. También estaba Paolo cuando, ya con el libreto de Capello, el Milan trituró al Dream Team de Cruyff. Y, reinventado como central, fue elegido mejor jugador de la última final de la Liga de Campeones. A la carrera de Maldini sólo le falta un título con la zamarra azul eléctrica. Es el jugador que más minutos (2.216) ha disputado en la Copa del Mundo, competición en la que se llevó dos de los tres grandes chascos de su carrera. En el Mundial del 90, un gol de Caniggia frenó a la squadra azzurra en semifinales. Cuatro años después, el tino de Brasil en los penaltis lo dejó a once metros del trofeo. La tercera en la frente llegó en la Europa del 99, cuando Francia remontó en el último suspiro de la final a una Italia que montó un cuartelillo ante la meta de Toldo. «Es penoso despedirse así», dijo Maldini en su último partido con su selección, aquel del Mundial 2002 en el que el árbitro y Corea tumbaron a Italia. Le han pedido que vuelva, pero se ha negado. Elegancia gala, colocación italiana y potencia alemana se combinan en un zaguero colosal. Martirio de delanteros durante 19 temporadas podría recibir, a intempestivas horas, el mayor premio individual. Fue tercero en 1994, cuando ganó Stoichkov. En contra juega que France Football suele minusvalorar a los defensas. Parece la hora de Maldini, pero Baresi tampoco tuvo la suya...