El Albacete tuteó al cuadro blanco en la primera mitad
23 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Zinedine Zidane solucionó uno de esos días grises que de vez en cuando aparecen en el Bernabéu y, con su participación activa y modélica, sacó al Real Madrid de un día oscuro, ante un rival firme, en una jornada donde las rotaciones de Carlos Queiroz hubieran sido polémicas de no haber firmado un resultado positivo. Queiroz apeló por primera vez a los descansos. A un asunto, cuyo debate científico da cada vez más para una tesis doctoral. A Del Bosque el año pasado se le ocurrió un buen día dar oxígeno a los buenos y le corrieron a gorrazos en la prensa. Lo de cambiar y racionalizar el esfuerzo está muy bien para presumir los lunes ... si ganas. Si no, mejor optar por no salir de casa. Queiroz dio el día libre a dos cracks de inicio. Dejó a Helguera y Ronaldo, con muchos kilómetros ambos a la espalda tras una semana de selecciones, y dio el testigo a Borja y a Portillo. Los dos suplentes habituales tuvieron su oportunidad. Borja estuvo algo nervioso y Portillo bien aunque sin mucha suerte arriba. Suele ocurrir este año que los rivales del Madrid en el Bernabéu no se esconden. Lo del miedo escénico es más para los clubes europeos. Aquí, en la Liga española todo el mundo anda valiente. Sin complejos. Cada fin de semana que juega el Real Madrid, salen al escaparate futbolistas nuevos, con buena pinta. Ayer fue por ejemplo el día de Parri. Venía con su cartel de lanzador de faltas y ofreció su sello con una hermosa volea que sirvió al Albacete para empatar un encuentro que había comenzado ganando el Madrid con un soberbio tanto del inglés David Beckham. César Ferrando, el técnico del Albacete, planteó un partido con un riesgo moderado. Viaud, el francés que hizo la mili con Zidane, se volvió a encontrar esta noche con su paisano. A Zidane marcarle bien es como tener suerte en una rifa. Zizou estuvo enorme, como casi siempre. En el minuto 62, Queiroz metió a Ronaldo en el campo. Todo empezó a verse de otro color. El brasileño hizo de las suyas. En una de ellas, cedió el balón a Solari, éste centro con suavidad pero con veneno, y en el área había tres madridistas esperando para matar. El honor le correspondió a Zidane, que cabeceó lejos del alcance de Roa. Todo se había acabado. Tras el resultado del Valencia, el Madrid es nuevo líder.