Leyenda argentina, mito alemán

Toni Silva REDACCIÓN

DEPORTES

13 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

¿Habría sentido vértigo Fangio con el monoplaza rojo de Schumacher? ¿Cómo se encontraría el alemán en el asiento de un Alfetta tubular? ¿Se conformaría con cuatro marchas? ¿Cuál sería la reacción de Fangio junto a dos escotes femeninos con paraguas en la parrilla de salida? Entre el primer título del argentino y el último del germano dista más de medio siglo o, lo que es lo mismo, una forma muy distinta de entender la fórmula 1 de los dos campeonísimos de todos los tiempos. Los registros de Fangio y Schumacher son inalcanzables. Sólo el finado Ayrton Senna, de quien se decía ser más rápido y habilidoso que Schumi (aunque menos regular), podría haber compartido los laureles del mejor piloto. Juan Manuel Fangio se proclamó campeón por primera vez en 1951, al volante de un Alfa Romeo 159. Entonces, el Mundial estaba compuesto por sólo siete pruebas, todas ellas en Europa. Ganó tres, fue segundo en dos y no puntuó en el resto, en total, 37 puntos que le dejaban por delante del Ferrari de Ascari. Ambos llegaron con opciones en el último Gran Premio, el de España, que se disputó en el circuito de Pedralbes. Ganó Fangio y, también por entonces, gracias a una decisión de su escudería: Alfa puso llantas de 18 pulgadas en el coche de Fangio, cuando su rival las eligió de 16, con lo que se ahorró una entrada en boxes por el buen estado de sus neumáticos. Después de aquello, Fangio repitió su éxito cuatro veces. En 1954 y 1955 con Mercedes, en 1956 con Lancia-Ferrari, y en 1957 con Maserati. Mucho han cambiado las cosas desde entonces. A Fangio y a sus contemporáneos les estaba permitido cambiar de coche durante la carrera. Sólo puntuaban los cinco primeros clasificados, ocho, seis, cuatro, tres y dos puntos respectivamente con una curiosidad añadida: el piloto que marcaba la vuelta rápida se sumaba un punto más. Hoy los sistemas de puntuación abren sempiternos debates en la fórmula 1 al comienzo de cada temporada. La última reforma fue una medida de urgencia para contrarrestar el paseo de Michael Schumacher el año pasado. Éste ha vuelto a ganar en el 2003, pero sufriendo, como le gusta a Bernie Ecclestone, vicepresidente de la Federación Internacional de Automovilismo. Hoy puntúan los ocho primeros (10, 8, 6, 5, 4, 3, 2 y 1), aunque todos reconocen que entre el vencedor de un gran premio y el segundo deberían distar más de dos puntos. Evolución frenética En la fórmula 1 los coches son como la ciencia, avanzan que es una barbaridad. En una misma temporada, Ferrari ha pasado de su F2002 al mejorado F2003-GA (llamado así en honor al patrón del consorcio italiano Govanni Agnelli, fallecido a principios de año). Cuando Fangio se exhibía por los circuitos de todo el mundo difícilmente podría haber imaginado que sus sucesores dispusiesen de monoplazas más ligeros con líneas aerodínamicas fabricadas de fibra de carbono en lugar del compuesto ordinario de su Alfetta , o con alerones para lograr un efecto ventosa sobre el suelo, un control electrónico sobre el motor, un habitáculo adaptado al centímetro del cuerpo del piloto, embragues de tres platos activados desde el mismo volante en vez de monodiscos, o manejar una potencia de 850 caballos en lugar de 420. Repitamos la pregunta: ¿dónde habría llegado un joven Fangio en la actualidad? ¿Qué habría sido de Michael Schumacher en los años cincuenta? ¿Cuál es el mejor piloto de los dos? Cada uno es vencedor en su generación. Puede pensarse que, en global, Schumacher no tiene sombra, pero debe recordarse que sus últimos títulos han sido con una escudería claramente superior. La respuesta es imposible. ¿Habría triunfado Ronaldo en el Real Madrid de Di Stefano? ¿Aguantaría Eddie Merckx los tirones de Indurain?