El Dépor endereza el rumbo

Alfonso Andrade Lago
Alfonso Andrade A CORUÑA

DEPORTES

Decepcionó el PSV Eindhoven, que planteó un partido muy duro

01 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Era un partido con trampa y el Deportivo supo evitarla. Se trataba de saber vencer un duelo contra un rival peligroso a la contra. Las claves, empezar ganando y marcar lo antes posible. Todos esperábamos ese PSV al contraataque, que es lo que hace mejor fuera de casa, donde suele cerrarse con dos líneas de cuatro. Anoche hizo lo mismo, pero con un hombre más en ese entramado defensivo. En realidad improvisó un tercer central, Hofland, para controlar el juego aéreo de Walter Pandiani, y colocó un tipo duro encima de Valerón. A la gente no le gustó lo que vio hasta el primer gol, pero es que el asunto era más delicado de lo que parecía: nadar y guardar la ropa. Por fortuna, Sergio encerró al fin su tirito en el armario y sacó a relucir un disparo de verdad que la barrera se encargó de conducir hasta la portería y despistar al guardameta. Con el tanto cambió un poco el panorama, que se aclaró para el Deportivo con el segundo. La contra del rival estaba neutralizada. Fin del partido. El PSV ha mimado siempre el fútbol ofensivo. Guus Hiddink, no. La última vez que vino a Riazor, con el Madrid, se llevó una chosca y no quería repetir. No se fiaba un pelo del Deportivo, así que preparó un entramado de jugadores que trabajaron para Kezman y para generar espacios arriba que pudiesen aprovechar los veloces Park y Rommedahl. Y ésta fue la peligrosa jugada que el PSV repitió hasta la saciedad, mientras tuvo espacios. La zaga blanquiazul sólo respiró tranquila cuando, con el resultado a favor, pudo arriesgar algo menos y limitar la capacidad de maniobra de los rápidos atacantes rivales. Por cierto, Van Der Schaaf, que no es titular en el PSV, lo fue en esta ocasión con una misión clara: parar a Valerón y, de paso, zurrarle también al que pasase por su zona. Un peligro público. No fue el único que repartió estopa. El castañazo que le metió Kezman a Mauro Silva sonó como un chasquido en Riazor. De lesión. Los holandeses fueron siempre un adversario picajoso, de los que enseguida se avienen a la patada y al codazo, y en ese sentido decepcionaron, aunque, bien es cierto, amparados en la pasividad arbitral. El Deportivo no tuvo una actuación brillante. Por ejemplo, es increíble que Naybet tenga que enseñar a Sergio a montar un contraataque, porque el iniciado por el catalán terminó en manos de Molina. Pero el equipo coruñés sí cuajó un encuentro eficaz y echó mano del oficio para conseguir tres puntos con los que endereza su rumbo europeo. En ese sentido, el gol de Pandiani fue balsámico. El PSV tuvo que cambiar a un juego de posesión con el que es más vulnerable y su velocidad sale a relucir poco. La afición, algo aburrida al final, prefirió cantar: «Dónde está la culebra», en alusión a la que picó a Romero en el aeropuerto de Pamplona.