La Segunda División B es, sin duda, una categoría de enormes contrastes en la que conviven entidades de todo tipo y pelaje. Hay clubes pudientes que tienen el objetivo del ascenso entre las cejas; hay colectivos en declive que luchan por frenar la caída y reencontrarse con tiempos más felices; hay clásicos que le han tomado la medida a la competición y parecen confortablemente instalados en ese papel; y hay clubes que hacen bandera del fútbol aficionado. Entre los primeros figura la Cultural, que sobresale en el grupo II por presupuesto y medios. Entre los segundos podría inscribirse el propio Compos o su último rival, el Toledo. Basta un breve paso por las instalaciones del Salto del Caballo para ver que, o bien se paró el reloj o bien los síntomas de abandono son algo más que indicios. Cuando menos, San Lázaro, por equipamientos y presencia, sigue siendo un complejo envidiado y no sólo en Segunda B. También en categorías superiores. Y entre los equipos netamente aficionados figura el que visita Santiago el domingo, el Casetas. El conjunto aragonés, con más de ochenta años de historia, dio un salto de calidad en la última década, cuando pasó de las competiciones regionales a la Tercera División. En esa época, el Compos estaba a un paso de la Primera. El Casetas ya militó en Segunda B en la temporada 94/95. Acarició la permanencia. Y ahora, en su segunda experiencia en la categoría, el objetivo vuelve a ser el mismo, conservar la categoría. El club se nutre, básicamente, de la cantera aragonesa. Entrena por las tardes, ya que muchos de sus jugadores tienen las mañanas ocupadas en distintas actividades laborales. Y cuida con mimo los equipos base. Ya en Tercera División disponía de servicios médicos y de fisioterapia. Otras entidades, como el Mirandés, apuestan por una filosofía distinta. También es un equipo recién ascendido pero se ha reforzado con jugadores que conocen bien la Segunda B o que incluso han militado en categorías superiores. Pero disponen de menos medios en la intendencia, hasta el punto de que los futbolistas son los que se encargan de sus equipajes. El portero Tito se olvidó las botas cuando el equipo viajó en San Lázaro. Pidió unas prestadas al Compos, su anterior club.