El Valencia hizo un soberbio despliegue táctico y físico para someter por completo al Madrid, sembrar dudas en el proyecto de Queiroz y auparse el liderato. Los jugadores entrenados por Benítez fueron mejores de cabo a rabo, en toda zona y situación, y si no golearon al Madrid fue porque a los de Mestalla les sigue faltando pegada. Frente a un rival que siempre llevó el partido en la dirección y sentido deseados, apenas hubo noticias de los astros merengues. Si es difícil elegir el mejor jugador visitante, aunque quizá Figo fue el más participativo (pero desafortunado), mucho más complicado resulta aún decantarse por el peor. Fue un equipo ausente, desequilibrado en todas sus líneas, a merced del rival. El Valencia estuvo estelar en la primera parte. Avasalló al Real Madrid desde el pitido inicial desde una presión extraordinaria. Demostró que a los galácticos sólo se les puede vencer desde la osadía, con las líneas adelantadas y un físico portentoso. Si a ello se suma el hecho de que los de Benítez juegan de memoria, se puede entender el 1-0 con el que se llegó al descanso. Un tanteador corto para los méritos de unos y deméritos de otros. Con un Aimar extraordinario, una defensa concentradísima -a pesar de que Ayala calentó banquillo- y un Albelda y Baraja dueños y señores del centro del campo, los chés se merendaron los merengues desde el vestuario. Ya en los primeros cinco minutos, el enrachado Mista puso rúbrica con gol a una asistencia enorme de Jorge López. El Madrid, con enormes dificultades para la salida del balón, ya que Beckham no se juntó como debía a Cambiasso, Zidane estaba mermado físicamente y Guti ni sabía ni contestaba, estuvo desaparecido hasta pasado el primer cuarto de hora, cuando Cañizares rechazó un disparo de Figo y un testarazo de Raúl Bravo. La lesión de Aimar, poco antes de la media hora, era una pésima noticia para el Valencia, que perdía al jugador capaz de dibujar combinaciones de ensueño entre líneas. Pero el técnico local fue valiente, ya que retrasó a Mista y puso en liza a Oliveira. Y aunque el juego del Valencia decayó, el delantero brasileño supo buscarse siempre la vida. El ritmo decayó en la reanulación. El choque se hizo mucho más trabado y el Madrid trató de jugar al pie, una misión imposible eso ante un adversario tan armado como el Valencia. Carlos Queiroz movió ficha pronto y retiró a Guti, pero los blancos siguieron a merced un Valencia metidísimo en el partido. Y por fin llegó la sentencia, en una acción remachada por Oliveira, presente en casi todas. Primer varapalo serio para los futbolistas dirigidos por Queiroz en el primer test serio entre candidatos al título.