Pandiani, sus goles, reabren el debate. ¿O lo cierran? El delantero uruguayo, como cuatro días antes en el Sánchez Pizjuán, volvió a ganarse la titularidad e, igual que en la capital andaluza, marcó. Cuatro tantos en otros tantos partidos. La cabeza del delantero uruguayo ha protagonizado el cincuenta por ciento de los goles del Deportivo. Recién aterrizado en A Coruña después de su temporal estancia en Mallorca, ya dio su primer aviso. «Sólo pido que se me trate igual que a los demás», dijo entonces. Sin pelos en la lengua y con la misma claridad y contundencia de siempre. Del Rifle se sabía que era un estupendo revulsivo, un jugador capaz de cambiar el signo de cualquier partido, más por porfía que por talento, por su inmensa generosidad hasta dejarse la última gota de sudor en busca de un balón imposible. Por eso la grada de Riazor lo adora o, al menos, admira su infinita entrega. Su nombre quedará unido para siempre a la épica remontada ante el París Saint Germain. Ahora odia que lo califiquen como un revulsivo ?«si voy a serlo, mañana mismo hablo con el presidente y me voy del Deportivo», afirmó en estas mismas páginas?, quizá porque Gregorio Manzano, el entrenador sicólogo o el sicólogo entrenador, vio en él al complemento perfecto de Eto?o: un rematador instintivo capaz de aprovechar las delicadezas de Novo y Riera. Acabó la Liga con catorce goles, uno menos de los que se había atrevido a prometer. Y Manzano, ya en el Atlético, se atrevió a decir que contaría con Pandiani «ahora mismo». Ahora, el Dépor le debe buena parte del liderato en solitario y un punto en la Liga de Campeones. La temporada pasada necesitó ocho partidos para marcar tres goles y los anotó de una tacada, en Valladolid; en la actual, ha marcado los mismos, pero en apenas 143 minutos sobre el césped. El incremento del rendimiento de Pandiani parece inversamente proporcional a la depresión en la que parece sumido Diego Tristán, su competidor en la delantera blanquiazul. Y el Dépor saca rendimiento de la competencia. Pandiani responde al delantero racial. Trabaja para ganarse el derecho a reclamar un puesto en el equipo. Nunca se deja nada en la reserva, ni siquiera en Sevilla o Atenas, cuando Javier Irureta da entrada a Diego Tristán y sitúa a Pandiani en la banda para que se deje el aliento pegado a la misma línea de cal que aborrecía Makaay. En beneficio del equipo. Cinco, diez minutos y a la ducha. De revulsivo a estajanovista. Y lo acata, incluso firmaría su situación actual sin rechistar, pese a que, después de dos jornadas, afirmara que no entendía como no era aún titular: «Creo que he hecho méritos». Levantó la voz para pedirle respeto a su compañero y lo volverá a hacer si se siente ninguneado. Aunque haya dejado, como en Sevilla y en Atenas, de ser el revulsivo para desgastarse en el combate inicial con la defensa de turno.