También sabe sufrir. La selección española luchará por la séptima medalla de su historia en un Campeonato de Europa y por estar presente en los Juegos Olímpicos de Atenas. Dos objetivos en uno si vence mañana a la sorprendente Italia, rival en semifinales, que ayer se impuso a Grecia.
12 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.La España del poderío de Gasol, del talento de Navarro y de las buenas maneras de Moncho López también se desenvuelve con soltura cuando se desprende del esmokin. En el día del todo o nada, del cara o cruz que tantas veces ha dejado al baloncesto español con un palmo de narices y al borde de la frustración, un puñado de jóvenes encabezados por el grupo que ya saboreó el oro en un mundial júnior no tuvo reparos para fajarse sin desmayo en el cuerpo a cuerpo que le propuso su rival. Aceptó el combate ante el Israel del esfuerzo, la lucha y la constancia, aunque para ello tuviera que recuperar el viejo espíritu defensivo, armarse de paciencia y enfundarse, cuando tuvo necesidad de ello, el traje de faena. Y así también ganó. Con las armas del rival, el uso sabio de los recursos y el peso de su calidad. Remató con el talento, pero antes regó de sudor el Globe de Estocolmo. Tres minutos de juego: 8-2 para España, seis puntos de Gasol. Un paseo militar. Pues nada de eso. De Israel se esperaba pelea constante, esfuerzo y un complicado entramado defensivo. Cumplió. Un tormento que España resolvió en el primer cuarto con suficiencia (28-22), pero ante el que se atascó en el segundo (44-36) y en el tercero (58-51). Era el día del impagable trabajo de Carlos Jímenez, de la constancia de Garbajosa o de labor reboteadora de Felipe Reyes. A ellos les tocó el papel estelar cuando pintaban bastos y ni Gasol ni Navarro encontraban el aro rival. La renta de España, siempre por delante, se movía de los tres s los ocho puntos, inquietante cuando se trata de resolver por la vía rápida, pero suficiente cuando el marcador se mueve de forma perezosa. El equipo de Moncho López sobrevivió durante el segundo y el tercer cuarto sin la aportación Gasol. Un par de penetraciones de Grimau por aquí, un triple de Herreros por allá y el buen pulso en los tiros libres. Pero la ausencia de la estrella española, a veces indolente en defensa, es más aparente que real. Su sola presencia impone, condiciona e, incluso el peor Gasol, siempre suma. Desgasta al rival. Era cuestión de paciencia, de que Israel saliera de la cueva, cambiara su ritmo cansino y se decidiera a ir por el partido. Y ahí, España ?como los grandes equipos de siempre? también demostró que está para cualquier empresa. A campo abierto, en el cuarto que abría o cerraba el paso a la semifinal, Pau Gasol cogió definitivamente el timón. Un rebote ofensivo, canasta y tiro libre adicional fue la respuesta del pívot catalán a los dos triples consecutivos de Sharp (64-57). El despertar del mejor jugador del Campeonato de Europa. En la hora de la verdad. E Israel se quedó, definitivamente, sin argumentos. Los había consumido todos. O, quizá, en el baloncesto europeo nadie puede frenar a un Gasol desmelenado. Catorce de los últimos veinte puntos llevaron su firma. España ni siquiera sufrió en el último arreón de un Israel lastrado por las faltas y la escasez de resuello.