El Celta se relaja tras el esfuerzo

La Voz

DEPORTES

Lejos quedaba la efervescencia de la previa de la Champions, que sigue condicionando esta ya larga pretemporada celtista.

16 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

El partido de ayer nació con lastre, el que imponía un campo muy pequeño alfombrado con una hierba irregular, factores suficientemente importantes para que un equipo tan técnico como el de Lotina se ausentase en ciertos momentos de la disputa visceral, espesa y algo rácana en oportunidades que le ofrecían desde el otro bando. Aun así, más allá de los elementos, lo que decantó la balanza en el Enma Cuervo de Ribadeo ?el vicedecano de los torneos estivales, que recuperó la solera con equipos de alto nivel en Primera? era el estado de ánimo de los contendientes. El plantel de Lotina sigue mirando de reojo su gran sueño europeo. Le falta un partido para despertarse entre los grandes y ni el colorido de ayer en Ribadeo le inmuta. Para el Athletic se trataba de otra cosa. Ernesto Valverde, había proclamado unas horas antes que constituía el ensayo más importante de este tórrido agosto y sus jugadores salieron a reventar las costuras del balón, a morderlo como si ya estuviesen en los tacos de salida para su espectacular inicio de curso: ante el Barça y el Dépor, nada menos. Fueron los minutos del 41 al 43 del primer acto, los que llevaron al Celta a la primera derrota del año. Los vizcaínos entendieron mejor las limitaciones que imponía el terreno de juego y desarmaron a los celestes con las galopadas de Etxebe y Ezquerro, y el bullicio del joven Bordás por delante de la defensa, armando el juego como un ovillo, porque no convenía estirar las líneas. El despliegue de la aviación rojiblanca destacó más en la primera media hora, ya que el Celta trataba de hacer algo inadecuado: mucho toque, poca llegada y golpeos defectuosos. El célebre trivote (Ángel, Luccin y Vagner) no acababa de sacudirse un fútbol demasiado domesticado, sin improvisación. Luccin estuvo desaparecido toda la tarde y eso lo notó mucho el plantel. A la media hora, Juanfran, otro de los meritorios llamando a las puertas de una titularidad cada vez más cara, se desplomó en el área lesionado. Sylvinho revolucionó un amistoso demasiado monocorde hasta entonces. Aun así, un despiste mayúsculo de la zaga a saque de falta permitió al Athletic adelantarse con una jugada de picardía. El Celta anduvo un rato buscando explicaciones a su error y permitió un jugadón que acabó de nuevo en gol: Ángel no logró irse en el uno contra uno, porque Larrazabal le robó la cartera; éste vio un fantástico desmarque de Etxebe, le envió un zapatazo de más de cincuenta metros y el potro de Elgoibar ganó la línea de fondo para dar el pase de la muerte a Ezquerro. El Celta dejó de andar en la segunda parte, metió una marcha más larga y, ya que estaba, se puso a imitar al rival, que era el que llevaba el dos a cero. Lotina inició un carrusel de cambios que igualaron en voluntad a los bilbaínos, aunque no cesó la tenacidad de estos por asomarse al balcón celtista. Oubiña aprovechó la oportunidad para hacer un poco de ruido con un gol de pillería a falta de veinte minutos largos. El juego se metió en muchos altibajos y de ahí no supo sacar provecho el cuadro olívico para irse a los penalties. Tampoco pareció importarle mucho. Su pasión está a miles de kilómetros de Ribadeo. En Praga.