El norteamericano ganó en Luz Ardiden tras sufrir una caída en la ascensión. Ullrich hizo sufrir al campeón en el Tourmalet, pero al final se quedó descolgado.
21 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Menos de diez kilómetros de Luz Ardiden es el trecho que conduce desde el suelo al cielo. Para Lance Armstrong, evidentemente. Esa distancia, que parece insignificante extraviada entre los 3.427,5 kilómetros totales de esta edición del Tour de Francia separó la nada del todo. La caída de la victoria de etapa. La incertidumbre de la reafirmación en el liderato. Porque Armstrong probó el suelo en el último puerto de la etapa e Iban Mayo actuó de colchón naranja para el estadounidense. Pero salió propulsado de la caída. Tanto como para dejar descolgados a todos. Y Jan Ullrich entra en ese todos. El norteamericano remató la escapada moribunda de Sylvain Chavanel y le metió 40 segundos al alemán, que entró con Zubeldia e Iban Mayo. Entre el campeón y el aspirante hay ahora 1 minuto 7 segundos. Los últimos coletazos pirenaicos y la crono del sábado medirán la desventaja. El Tour, que descansa hoy, seguirá quitándole el sueño a los dos contendientes. El estadounidense logró el triunfo en una etapa en la que lo único que lo respetó fue el calor, su mayor enemigo en anteriores jornadas. Sangre y sudor le costó. Primero tuvo que sobrevivir al ataque de Ullrich en el Tourmalet. Por un momento parecía que el alemán podía destrozar el molinillo. Sin levantarse de la bicicleta, obligó a Armstrong a dejar el sillín y lo distanció unos metros. Eran pocos, pero parecían suficientes para empezar a cavar la tumba de su rival. Conclusión precipitada. Vinoukurov era el que sufría la evidencia de que un día en el Tour es una eternidad y ponía luces de emergencia. La bajada reagrupaba a los favoritos y le daba la palabra a Luz Ardiden, donde pasó de todo. Se cayeron Mayo y Armstrong. El grupo de Ullrich esperó al líder en un alarde de respeto. Claro que a Joseba Beloki no pudo esperarlo nadie. Y los dos caídos resucitaron. Pero fue Armstrong el que, en solitario, con un codo sangrando, se elevó a los cielos. Ullrich, en el limbo, supo recortar tiempo suficiente como para seguir vivo en la carrera. Mayo y Zubeldia, que habían chupado rueda del alemán, esprintaron para robarle unos segundos de bonificación, míseros para ellos y quizás vitales para Ullrich. El sábado se sabrá el tamaño de la afrenta.