¿Quién escribe los guiones del fútbol? Sin duda, a quién le tocó el del partido que enfrentó el domingo al Compos y al Córdoba era una mente retorcida, de las que se recrean enlazando secuencias para llegar a un final inesperado, esperpéntico, impensable. La trama tuvo su exposición en los días previos al encuentro, cuando el vestuario santiagués denunció que un intermediario, que decía hablar en nombre del Córdoba, había llamado a un jugador para ver si estaba dispuesto a facilitar una victoria andaluza. Para evitar suspicacias, el club decidió hacer público el episodio. ¿Qué pasaría si un futbolista cometiese un error difícilmente entendible? Y llegó el partido, el turno del nudo. Durante una hora el viento sopló a favor del Compos, que incluso se adelantó en el marcador. Uno de los jugadores destacados hasta ese instante era el portero Óliver, con tres intervenciones meritorias. Pasados los primeros sesenta minutos llegó el gol del empate, en una parábola de Ramzi que sorprendió al propio futbolista del Córdoba. David Vidal diría que el balón subió a la estratosfera y cayó en picado, junto al segundo palo. Y llegó el desenlace, en el tiempo añadido, con el olor a empate en todas las esquinas. Alfonso chutó desde 25 metros, a media altura. Óliver, bien colocado, intentó bloquear el balón pero lo que hizo fue introducirlo en la red. Al Compos se le escapó un empate que le hubiese asegurado, virtualmente, la categoría. Y el Córdoba, sin esperarlo, se vio fuera de los puestos de descenso. Ayer, el vestuario santiagués en pleno convocó una rueda de prensa para proclamar su apoyo incondicional a Óliver, la gran víctima de las circunstancias. La afición ya le había brindado su apoyo tras el partido, cuando se retiraba desolado a la caseta. Lejos de San Lázaro sonó todo más turbio. Y el colectivo azul y blanco lo tiene muy claro.