Molina planta cara a Molina

DEPORTES

Asume sus errores en los últimos partidos, admite que no está realizando una buena temporada, pero está seguro de que el año que viene recuperará su instinto

04 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Primero fue contra el Celta y el domingo pasado frente al Atlético de Madrid. Dos errores de José Francisco Molina costaron sendos tantos al Deportivo, algo inhabitual cuando el meta valenciano se sitúa bajo los palos de la meta blanquiazul. Pero el veterano portero no se esconde. Lejos de buscar excusas, asume sus errores y se planta cara a sí mismo. «No me están saliendo las cosas como me gustaría. He recibido dos goles que no debía haber encajado». Dos acciones puntuales en una temporada con la que no está contento en lo que a sus actuaciones personales se refiere: «He jugado poco y, cuando lo he hecho, no me han salido bien las cosas. Para qué nos vamos a engañar, cuando yo he jugado, casi hemos perdido más partidos de los que hemos ganado». Así, sin tapujos, muestra su lado más crítico. Quizás ese que le ayuda a sobreponerse en los momentos difíciles. Porque Molina no se arruga y afronta el futuro con optimismo: «Cuando estoy jodido, de nada me vale que venga alguien a darme una palmada y me diga que no pasa nada. Yo sé que pasa. Pero soy consciente de que han sido fallos puntuales, no fruto de que me encuentre mal. Por eso, lo que quiero es dar lo máximo en estos dos partidos que nos quedan, agotar nuestras opciones al título de Liga y regresar el año que viene al nivel que estaba acostumbrado», sostiene. Pero en su etapa blanquiazul hay más aciertos que errores. En el recuerdo todavía están los penaltis parados en Turín y Highbury, a los que en su momento apenas dio importancia. «Tras aquellas acciones no era tan bueno, ni ahora soy tan malo. Son lances puntuales que un día te salen mejor y otro peor. Lo que importa es el trabajo semanal y de ese estoy satisfecho». Es una filosofía que ha adoptado a base de palos. Porque su vida profesional no ha sido un camino de rosas: «He tenido momentos difíciles, pero eso me ha servido para sentirme más orgulloso de lo que he logrado. En el Valencia no tenía sitio y estuve cedido en varios equipos. Llegué al Albacete y el descenso se produjo después de haber encajado trece goles en dos partidos. Me mataron. Pero el Atlético confió en mí. Luego bajamos a Segunda y, sin haberme repuesto, llegó la cagada con la selección. Me cayeron palos por todos lados. Y el Dépor confió en mí y aquí estoy. Pero no ha sido fácil», recuerda. El club confió en él y también una afición que a pesar de sus dos útimos fallos, el domingo coreó su nombre: «Es un gesto que siempre agradeces, porque te sientes querido».