El Compostela tiene crédito

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El Compos supo leer el partido. Sin prisas y con cautela, aunque sin renunciar al balón, mantuvo a raya al Albacete, incapaz de hilvanar acciones ofensivas y sin imaginación. El Compos controló los espacios y nunca renunció a la posesión de un esférico que en los primeros compases estuvo más en sus pies. En su primera aproximación al área, el once de Duque asustó. Un venenoso centro-chut de Juanito le quitó la respiración a Roa. Cuando aún el partido estaba en una prolongada fase de tanteo (y también de aburrimiento), llegó una jugada que pudo ser clave en el desarrollo del choque. El trencilla expulsó a Pedro al apreciar gravedad en una entrada sobre Corredoira, que disputó el resto del partido con un aparatoso vendaje. Pese a la superioridad numérica, el Compos no varió su filosofía y mantuvo el mismo sistema (4-2-3-1). Aguado y Fabiano actuaron por delante de una línea de cuatro defensas y por detrás de otra de tres. Compos y Albacete casi no inquietaron a Roa y Óliver. Sólo en las dos últimas acciones de la primera parte Sequeiros dispuso de dos buenas ocasiones para desequilibrar el choque. Los primeros instantes del segundo período fueron trepidantes. El Alba asumió algunos riesgos y se fue a por el gol, que estuvo a punto de llegar en un ataque en tromba. Todo se quedó en nada por el pésimo disparo del pichichi Perera. El Compos se presentó en la reanudación con una pájara monumental y en plena escalada. Todo parecía cuesta arriba para los de Duque. Suerte que el goleador rival no tuvo su tarde. Una nueva imprecisión ante Óliver y Perera se fue a la ducha por orden de su técnico. El Compos siguió encerrado en la cueva, sin intimidación y sin recursos para sacar el cuero controlado. El balón le duraba menos a los compostelanistas que una pegatina de Shinchan en la puerta de un colegio. En pleno acoso manchego, llegó el gol. Un error en la entrega de Fidalgo ocasionó una falta al borde del área que transformó Jandro. Ante tal revés, Duque movió ficha. Sacó del campo a un desafortunado Fidalgo y varió el sistema. Entraron Cabarcos, Rodri y Jesús. Y todo cambió para bien. El Compostela tuvo entonces más chispa, frescura e imaginación. Mayor empuje e iniciativa. Más ganas de ganar. Y por eso logró el empate, que firmó Cabarcos. Incluso acarició la victoria, que no hubiese sido justa.