¿El fin justifica los medios? La pregunta resonó en la sala de prensa del estadio de Mestalla hace apenas un mes. Entonces, el Inter de Héctor Cúper había dejado fuera de la Liga de Campeones al Valencia. El técnico argentino apeló a la legitimidad de los medios utilizados y rechazó la máxima de Maquiavelo. Rafa Benítez fue más allá y se explayó a gusto. «Con este fútbol (el del Inter) la gente acabará abandonando los estadios». Bueno, pues la lección de los italianos causó efecto. El Valencia se presentó ayer en Riazor con la respetable necesidad de puntuar, con el agua al cuello y con una buena parte de la prensa valenciana apuntando a la cabeza de Rafa Benítez. ¿Solución? Cuatro defensas en línea, dos mediocentros reconvertidos desde la cobertura -Marchena y Albelda-, un interior de corte defensivo -Fabio Aurelio-, un atacante -Vicente- en apoyo de Ayala y dos -¡dos!- jugadores por delante de la defensa. Un planteamiento ante el que sólo Marcelo Lipipi, Héctor Cúper o el Carlo Ancelotti de los últimos meses resistirían el sonrojo. Y ganaron. El mensaje de Benítez fue tan claro que sus once legionarios no pudieron por menos que aplicarse la enseñanza del Inter de Milán. Un muralla para rehabilitarse. Poco importaba que los portadores del título de campeón de la mejor Liga del mundo tuvieran que multiplicarse para cerrar los caminos y amoratar las piernas del ingenioso Valerón; o contar con un colegiado incapaz de apreciar esas pequeñas triquiñuelas tan del gusto del Calcio. «Estábamos hartos de hacer muy buen fútbol y perder, así que... Hoy (por ayer) lo importante era ganar». Benítez aguantó el tipo, educadamente, e inventó una respuesta diferente para al demagógico discurso que se inventó después de que el Inter le apartara de la semifinal de la Champions . Y en forma de excusa, o de conciencia dudosa, apuntó un matiz envenenado: «En la primera vuelta, con esas armas el Dépor se llevó de Mestalla los tres puntos». Olvidó que entonces, su Valencia fue una máquina arrolladora y el Dépor un rival encogido -no voluntariamente- por la avalancha. Es decir, Maquiavelo, enterrado un mes atrás, reaparece por arte de birlibirloque en Riazor. En realidad, así -modificando el discurso- empezó Cúper hace un par de temporadas. Riazor contempló las evoluciones del campeón más mezquino de los últimos años. Aunque ganara. Legalmente.