Ronaldo acreditó su condición de extraordinario goleador en el mejor escenario posible y con un hat-trick histórico puso en pie el Teatro de los Sueños, que se rindió a la evidencia en un magnífico ejemplo de fair-play .
23 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Pese al 4-3 final, fruto de la suficiencia con la que se emplea el campeón cuando se ve claro ganador, el Madrid nunca sufrió el pase a las semifinales. Volvió a ser muy superior al Manches-ter en un partido espectacular entre dos equipos que atacan de maravilla y defienden de pena. Sin quitar ningún mérito a los blancos, que salvaron el pabellón español camino de la décima con grandeza, es difícil ver a un equipo que da tantísimas facilidades como el Manchester e invite a lucirse así. Aunque tácticamente el Madrid y el Manchester dejen muchas dudas, como aficionado da gusto ver un choque así, limpio, de ida y vuelta, donde mandan el fútbol y los goles y no las defensas y artimañas. Como sucedió en la ida, el Madrid bailó literalmente al Manchester en el primer tiempo. Se adueñó del balón y tocó y tocó frente a un adversario que no responde al estereotipo del fútbol inglés. El United trata bien el balón pero no muerde, no presiona, no se decide por esos pelotazos que tanto daño suelen hacer a la zaga del Real Madrid. Los blancos sufren mucho más ante contrincantes que le enciman que frente a quien le juega de tú a tú. Fruto de su enorme superioridad, aunque Casillas salvó un remate de Van Nistelrooy a los dos minutos, el Madrid se adelantó enseguida. Primero de Ronaldo. Con tres goles de ventaja en la eliminatoria y un dominio tan abrumador en el Teatro de los Sueños, el Madrid cometió el error de gustarse en exceso y de no machacar. De forma paulatina, reculó y permitió crecer al Manchester hasta empatar cerca del descanso por obra de Van Nistelrooy. Y menos mal que Casillas, de nuevo decisivo, salvó un posterior remate del holandés. Aún había eliminatoria, pero Ronaldo se encargó de acabar con toda emoción en el arranque de la segunda mitad. Empató a continuación el club más rico del mundo, en una acción desafortunada de Helguera. Por si alguien tenía dudas, de nuevo Ronaldo las disipó con un golazo desde fuera del área que acaparó los elogios del deportivo público inglés. Con todo perdido, Ferguson sacó a Beckham y el spice boy se reivindicó con dos goles intrascendentes, el primero en extraordinario golpe franco, cuando el Madrid regaló el balón y se echó a dormir, pero no había tiempo para el milagro.