El tarraconense Cabestany logró el primer triunfo de la Copa de España en la prueba celebrada en el palacio de Riazor ante unos cinco mil espectadores
31 mar 2003 . Actualizado a las 07:00 h.El trial es un concurso de vallas publicitarias maltratadas por motos con neumáticos a mitad de presión. Mensajes comerciales por un tubo. Y por unos triángulos, una bujía gigante o una rampa hacia la luna. Ayer se celebró en A Coruña la primera de las nueve jornadas que decidirán en diciembre el campeón de España, aunque bien podría considerarse la Copa Cataluña, dado el común origen de los seis participantes. Los pilotos comenzaron las eliminatorias por parejas. No hubo sorpresas, los cabezas de serie disputaron la segunda ronda. Toni Bou aguantó bien el oficio de Albert Cabestany hasta la octava zona, donde inició una serie de tres fiascos consecutivos. Marc Colomer, el apellido más emblemático en la tarde de ayer, rozó el ridículo ante Adam Raga, que estrenaba en el pabellón de Riazor su condición de campeón del mundo. El tándem más igualado fue escrito por Freixa y Fajardo, con 16 y 19 puntos de penalización respectivamente, a años luz de los cuatro pilotos que le precedieron. Brillantes o fallones, los seis se sintieron muy arropados desde la grada. Porque aunque el trial es una isla minúscula en el océano del fútbol, los mecenas del motor saben vender un deporte vinculado al espectáculo. Cinco mil personas presenciaron las pruebas, animados por un locutor que se encargó de dejar claro quién pagaba lo que veían sobre la lona. «Tres, dos, uno, ¡tiempo!, y si hablamos de tiempo hablamos de cronómetros Time Force», narraba mientras Colomer sudaba ante un bloque. «Vámonos ahora a la zona de El Corte Inglés... con sus trajes Emilio Duci, je, je». Le faltó perdir un purito a Pepe. Hubo momentos de tensión. Bou acabó con la motocicleta sobre la espalda, y Fajardo sufrió un arriesgado desequilibrio escalando una pared. Ahí estaba el locutor para quitar drama. «Esto se pasa con un fuerte aplauso». Y las palmas resucitaban el piloto que algunos creían camino del Juan Canalejo. Descartada la mitad de los participantes, Cabestany y Raga, con sólo un punto de penalización, desempataron sobre unas botellas gigantes para elegir quién salía el último. Y el más rápido fue Raga, un piloto al que no le basta con salir de la zona sin fallos y dentro de tiempo, sino que salta muy pendiente de la mirada del público, mezclando siempre competición y espectáculo, algo que no puntúa y que ayer le costó su primer triunfo de la temporada. Cabestany mantuvo la frialdad inicial, Freixa se transformó y volvió a moverse como el cuarto mejor piloto del mundo que es. Pero Raga se hundió. El juez le penalizó dos veces con cinco puntos y con tres en la resvaladiza cascada. «La cascada puede decidir -dijo el locutor-, hay que darle las gracias un año más al Ayuntamiento de A Coruña por su generosidad». Paco Vázquez no estaba en la grada para recomendarle el topónimo adecuado. «Tercero definitivamente es Adam Raga, le despedimos,... pero dónde está, ¿ya se ha ido?», se preguntaba el speaker . A Raga le gusta exhibirse, pero sólo cuando las cosas le van bien. Freixa y Cabestany encararon la última carrera empatados. El que venciese, ganaba los primeros puntos de la Copa. Freixa tomó una ínfima ventaja inicial pero Cabestany, actual campeón nacional, se la restó y le adelantaba en el camino de vuelta. Un salto por los aires y volvía a ganar por segundo año consecutivo la cita coruñesa. «Este público es muy agradecido, te apoya cuando algo no te sale», dijo el vencedor. El presentador tuvo la última palabra para despedir al público. Y el adiós no tuvo patrocinador.